El caso Penalva

El daño no es de ayer, ni tampoco de ahora,

Sino de siempre.

Luis Cernuda

Hace ya algunas semanas, acudí a la conferencia que José Penalva pronunció en Elche en el ciclo de conferencias organizado por la SFPA. Había leído con placer algún artículo suyo recogido en Deseducativos y conocía -de oídas- algunos de sus libros. Lo cierto es que en aquella conferencia me di cuenta de que estaba ante un hombre valiente y comprometido personalmente. Su discurso fue crítico e implacable con los dogmas pedagógicos que mantienen cautiva a la educación. Cada una de sus palabras era un revulsivo, pero pronunciadas con la serenidad y la sensatez que sólo es posible tras una una reflexión profunda y meditada. Al terminar la conferencia algunos tuvimos la suerte de poder cenar con él y disfrutar de una conversación tranquila, pero enriquecedora. Su idea básicamente era que los profesores debían recuperar el protagonismo en la educación. Ya ven qué cosa, dirán algunos… Pero las cosas están de una forma, señores, que para decir eso hoy en según qué foros, hay que tenerlos cuadrados. Nos habló también de Julián Marías, al que tomaba como modelo de conducta, nos habló de Cambridge, donde es profesor visitante. Nos contó cómo allí la educación era otra cosa, que lo que se valoraba era el conocimiento. ¿Cómo? Sí sí, allí tienen como prioridad el conocimiento. Allí se discute, se investiga, se critica, se piensa… ¿Y aquí? Aquí es otra cosa.

Me prometí a mí mismo leer alguno de sus libros para comentarlo en el blog. Pero no pensé que fuera tan pronto. En unos días recibí una llamada: ‘Van a expedientar a Penalva’. Aunque no me sorprendió la noticia, me indignó considerablemente. ¿Cómo van a expedientar a Penalva? Me pregunté, contestándome inmediatamente que cómo no. Un tipo dispuesto a ascender a base de méritos personales, sin arrimarse a nadie. Un tipo ocupado en investigar, y no en conspirar por los despachos. Un tipo que escribe su curriculum con la tinta de los artículos y los libros que publica, y no con la bilis de las mentiras. La Universidad Española no puede asimilar a un tipo así. Aquí la única gramática que hay que conocer es la parda, y la única especialidad es en maledicencias de portera; aquí hay que tener el ojete lubricado y rodilleras, aquí hay que ser coleguilla y que no se diga, e invitarse a un café o a unas putas, si se presta; aquí lo que hay que controlar es el BOE, y no la tabla periódica, y hay que saber recitar el Credo de los tontos y el Padre Nuestro de los enchufes. Por eso Penalva está tan a gusto en Cambridge.

– ¿Y por qué le expedientan?

– Por absentismo laboral.

– ¡Venga allá!

– Bueno, acaba de publicar un libro en el que denuncia la endogamia y la corrupción en la Universidad

– Pues va a ser eso…

– ¿Tú qué crees?

Como he dicho, mi primera reacción fue violenta, pero una violencia entristecida y desesperada (ni me imagino cómo se sentirá el propio Penalva). Un buen amigo, acostumbrado a sofocar ciertos incendios, dio en el clavo: habrá que leer el libro ese. Pues sí, eso es lo que hay que hacer. De momento, me dije, pongo un enlace en Antes de las cenizas.

Pedí el libro a La Casa del Libro y lo recibí ayer por la mañana. A las cinco de la tarde ya lo había leído. Los nombres que aparecen en él están cambiados, pero no hay que ser un lince para adivinar que el personaje de José Montag es en realidad José Penalva. Los hechos relatados, afirma en la presentación, están basados en la realidad, pero se leen como una verdadera historia de terror. No entraré en detalles, porque verdaderamente vale la pena leer el libro. La sensación que queda es que la universidad es un nido de víboras, de trepas y de ignorantes. Pero lo peor, creo, es la ignorancia, la posibilidad de que gente incapaz de redactar un sms logre una plaza de profesor universitario a base de enchufes y favores, y que eso no sea una excepción, sino la regla. Penalva ha tenido la valentía de contar lo que ha visto y sufrido en sus carnes y ahora lo paga, porque los bárbaros son legión. Probablemente esos casos se darán en cualquier Facultad, pero tengo la íntima convicción de que las Facultades de Ciencias de la Educación son un caldo de cultivo especialmente favorable para los parásitos y analfabetos que hacen la vida imposible a José. Probablemente en ninguna otra Facultad la ignorancia sea tan llevadera como en esa. Por eso no encaja allí José, que dice que está a gusto en Cambridge.

El caso Penalva no es un caso aislado. Hay muchos otros que callan, que sucumben, que se dan por vencidos. Y no es un caso particular, sino un paradigma y un oráculo que nos habla de por qué la educación española está como está. Desde aquí quisiera trasmitirle a José mis mejores deseos e invitar a los lectores que lo consideren conveniente a poner, como signo de adhesión a la causa de Penalva, un enlace al libro en sus blogs. Ánimo.

El caso Penalva en la web:

HazteOír

La resolución del Rector José Antonio Corbacho Gómez contra José Penalva

El Burdel del Delirio

La Gaceta

El Confidencial

Un fragmento del libro

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