Historia y Culturilla de las Religiones

Parece que, desde que hace unas semanas se publicara el anteproyecto de la que se va a conocer como LOMCE, anda algo revuelto el patio filosófico. No sin motivos porque, de entrada, nos quedamos sin la ética de 4º de ESO, sin mencionar el grave peligro de que también se pierdan las optativas del Departamento de Filosofía. En mi caso personal, si desapareciera la Ética y la Psicopedagogía (‘Psicología’ en las Comunidades Autónomas normales), perdería el 54% de mi horario lectivo. Como no creo ser ninguna excepción, la cosa es más que seria.

Adelantándose a los acontecimientos, la REF (Red Española de Filosofía), de la que forma parte nuestra SFPA, envió este verano una carta a Wert exponiéndole una serie de puntos que se consideraban fundamentales a la hora encarar un reforma de la enseñanza de la filosofía. La mayoría de estos puntos son sensatas contribuciones a la dignificación de la asignatura de filosofía, que empieza, por cierto, con la presencia obligatoria de la filosofía en 4º de ESO y con la dotación horaria suficiente. Si leen ustedes la carta, lo que recomiendo, verán que los puntos 1 a 6 se establecen de una forma categórica, pero el punto 7 se expresa hipotéticamente, como si sus redactores ya dudaran de él, bajo la forma de un condicional:

“si el nuevo proyecto no suprime la materia [de religión] del horario lectivo ordinario, se requiere de la implementación efectiva de Historia y Cultura de las Religiones como alternativa real (y no solo nominal como hasta ahora) a la opción confesional, y asignada preferentemente al departamento de Filosofía”

No sé si esta es realmente la posición oficial de la SFPA, de la que formo parte, y si lo es, tampoco sé cómo ha llegado a serlo, dado el carácter evidentemente polémico del asunto,  que pueden ustedes comprobar si leen los comentarios del blog. Lo que sí es seguro es que es la posición de la REF. Y es una lástima, porque sólo ese último punto séptimo puede dar al traste con todo el buen trabajo que han realizado hasta el sexto.

Si les soy sincero, creo que el único motivo para pedir esa asignatura son las horas que daría al departamento de Filosofía (aunque tampoco sé por qué una ‘Historia y culturilla de LAS religiones’ debería asignarse a Filosofía y no a Historia. ¿Es que no se atreven a pedir una ‘Filosofía de LA religión’?).

¿Y te parece mal que pidamos horas -me dirá alguien- a ti, que has empezado el post quejándote de que con la LOMCE pierdes más del 50% de tu horario? ¿Vamos a ser -he escuchado en alguna ocasión- los únicos gilipollas que no pidan horas para su departamento?

El problema aquí es que puede que seamos los únicos gilipollas que pidan gilipolleces, si se me permite la expresión, que es lo que sería una Historia y Culturilla de las Religiones como alternativa a la religión. Claro que hay pedir horas, pero no pidan mierda, señores, no pidan mierda.

Para no alargarme demasiado, trataré de concretar mi posición en los siguientes puntos:

  1. La primera razón para oponerse a la asignatura es lo que yo llamo el ’Teorema de la transferencia mariana’: Toda alternativa a una maría se convierte en una maría. En efecto, a nadie se le escapa lo que realmente ocurre en la asignatura de religión. Si aceptamos que la mayor parte de las horas del departamento sean de una alternativa a la religión y pretendemos que haya alumnos, más vale ser ‘comercial’. Póngase usted serio y dé su ‘Historia y Culturilla de las Religiones’ en 1º de ESO y al año que viene están todos en misa  y usted… sin las preciadas horas. No creo que deba haber lugar alguno para ‘marías’ en el sistema educativo.
  2. La Filosofía no puede ser una ‘asignatura estrella’ que se dé en todos los niveles. Toda asignatura con contenidos filosóficos requiere una madurez mínima que, a mi juicio, sólo se empieza a dar a partir de los 15 años. No podemos pretender que el Departamento de Filosofía tenga ‘muchas horas’ sin que deje de ser de Filosofía. Nuestro Departamento no puede ser otra cosa que un Departamento pequeño, pero serio y fuerte. Quiero que quien tome la valiente decisión de estudiar un grado de Filosofía, pueda ganarse la vida enseñando filosofía de verdad, no un pastiche religioso-cultureta. Y digo que esa decisión es ‘valiente’ porque las perspectivas laborales que implica son escasas, y no puede ser de otra manera, aunque me duela decirlo. Si lo que quieres es un empleo, hay otras opciones mejores, amigo. Es un error (por otra parte comprensible) hacer una reforma de la Filosofía pensando en ‘colocar’ a todo el mundo. La inflación de profesorado de ‘filosofía’ producida por esta ‘alternativa’ acabaría por devaluar el departamento para siempre.
  3. La religión, desde un punto de vista histórico y cultural es importante… pero no tanto como para merecer la presencia que se le quiere dar. Ya se habla de eso en historia y en filosofía, y es suficiente.
  4. El problema no es que haya una Alternativa a la Religión en la que se pierde el tiempo, el problema es que hay Religión en horas lectivas, que nos lo hace perder. La libertad de culto garantiza que cualquiera que lo desee puede acudir al templo que le dé la gana y formarse religiosamente sin problemas y sin perjudicar a nadie. Y si me permiten ponerme Wittgensteniano, la religión pertenece a ese género de cosas sobre las que merece la pena callar en la escuela, y a quien más beneficia ese silencio es, precisamente, a la religión misma.
  5. Si nos dan una Historia y Culturilla de las Religiones, la mayor parte de las horas del departamento serán de una ‘maría’ cuya oferta dependerá de la existencia de la Religión. A partir de ese momento todo el personal contratado para hacer frente a la Historia y Culturilla de las Religiones estará tan interesado en la presencia de la religión en la escuela como el mismo Papa. La existencia de nuestro departamento pasará a depender de la existencia del departamento de Religión. Si eso ocurre, habrá que felicitar a la REF y a los que introdujeron el punto 7 en su carta.
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El Filósofo y la Pedagoga

Érase una vez, en un salón de actos muy lejano, un catedrático de filosofía  que se disponía a dar una conferencia sobre la crisis de las humanidades.  Había reflexionado largo y tendido sobre el tema, había leído libros y conversado con eruditos; había sometido las tesis principales a la crítica de sus colegas más agudos; había redactado varios borradores, buscando siempre la expresión más exacta, el adjetivo más fino; había conectado sus ideas con razones tan claras y distinas que, al alcanzar la conclusión, había que reprimirse para no exclamar ‘quod erat demonstrandum’; había logrado, en definitiva, el raro equilibrio entre la belleza y la claridad que sólo es accesible a las mentes más preclaras, y no siempre. Tras mucho pensar pudo, al fin, dar por terminada la redacción, y no sin luchar contra ese sentimiento de insatisfacción que todo autor honesto siente ante su obra, imprimió el artículo, guardó el archivo y borró todas las versiones anteriores. Se disponía ahora nuestro filósofo a leer su conferencia ante una susurrante audiencia. Escuchó con atención su presentación, ordenó sus papeles, comprobó el micrófono dándole unos golpecitos y comenzó la lectura. Leyó pausadamente, con una suave entonación, comentando los pasajes que consideraba fundamentales, aclarando todo lo que pudiera ser confuso. No se abstuvo de interrumpir la lectura con alguna que otra digresión in ahorró en erudición. Llevaba ya media hora de lectura y quedaba otra media, cuando de entre el público, tronó una voz femenina: “¡Esto no puede ser, es indignante!”. El catedrático interrumpió su lectura y todas las miradas se dirigieron hacia la espontánea. Era una mujer joven, con gafas de pasta y jersey de cuello alto. “Soy pedagoga -confesó con orgullo- y llevo escuchando su conferencia media hora y me parece increíble su falta de respeto”. El filósofo permanecía estupefacto, sin comprender. “¿No sabe usted -dijo la enfurecida pedagoga- que una persona no puede mantener la atención durante más de 10 mintuos?, ¡y llevamos media hora!”. Ante la incrédula mirada del Filósofo, otros oyentes se sumaron a la protesta. Se citó a Piaget y a los constructivistas, se mentaron estudios y publicaciones, y ni siquiera faltó una encendida defensa de los Derechos Humanos y hasta de la Convención de Ginebra, que arrancó aplausos y lágrimas entre el público. El filósofo dejó los papeles y pensó unos instantes. Cuando se dispuso a hablar todos callaron. “Tiene usted toda la razón -dijo el Filósofo a la Pedagoga- y precisamente su intervención es la prueba definitiva de mi tesis”.

¿Cuál es esa tesis que la furibunda pedagoga demostró con su intervención? Pues es, precisamente, la tesis que sostuvo el el catedrático de Filosofía Vicente Sanfélix el pasado martes en la Universidad de Alicante, en el ciclo de conferencias organizado por la SFPA. Afortunadamente allí no intervino ninguna airada pedagoga, y todos fuimos capaces de escuchar la conferencia de Sanfélix de principio a fin, aunque he de confesar que, al menos en mi caso, fue más mérito del propio Sanfélix que mío pues su charla fue verdaderamente interesante. No es, sin embargo, la fábula del Filósofo y la Pedagoga una mera invención, sino que es la recreación más o menos literaria de una anécdota que vivió el propio Sanfélix y que fue tan amable de compartir con nosotros.

La tesis que defendió Sanfélix fue que las Humanidades están en crisis, y que la causa, precisamente, es el desarrollo del humanismo renacentista. Es el renacimiento una época que anhela un tiempo mejor, que identifica con la cultura greco-romana clásica. Dado que el modelo está en el pasado, se renueva el interés por la historia, y también por la filología, que será una fiel aliada en la interpretación de los textos clásicos. Y en esos textos se encuentra la filosofía moral, que también verá correr sangre nueva por sus venas. El renovado interés por estas disciplinas cristaliza en la corriente cultural llamada ‘humanismo’. Pero el humanismo no está exento de tensiones internas que, aunque en aquél momento no eran visibles, sí se han manifestado al desarrollarse dicha corriente cultural. Tiene el humanismo una actitud sumamente crítica hacia la época inmediatamente anterior, a la que denomina ‘Edad Media’. El modelo de sabio medieval, que por cierto es completamente aristotélico, es puramente especulativo. El interés por el ser humano y su vida chocan contra esta sabiduría especulativa y reclama, como lo hacía Descartes en el Discurso del Método, otro modelo de conocimiento ‘útil para la vida’. Ese modelo es la ciencia moderna, que al aplicarse a la producción mostró todo su potencial. Forma parte, pues, del humanismo el interés por las humanidades y el interés por la ciencia. Así, en la raíz humanista de nuestra cultura científica, conviven ciencia y humanidades, aunque durante su desarrollo dicha convivencia se ha vuelto inestable. Debido a su éxito, la ciencia ha terminado por adquirir cierto poder legitimador que antes tenían las humanidades. Éstas se encuentran en un lugar secundario y acaban, incluso, tratando de imitar a la ciencia. El éxito de la ciencia supone el triunfo de ciertos valores (utilidad, inmediatez, etc) y la devaluación de los valores propios de las humanidades (que no del humanismo). Es precisamente el desarrollo del ideal humanístico lo que ha hecho triunfar a la ciencia sobre las humanidades. Y el choque, según el propio Sanfélix, queda perfectamente ilustrado con la fábula del Filósofo y la Pedagoga con la que comenzábamos.

Los avatares y el liberalismo


Ya no son horas de hacer una reseña de las ponencias que, a cargo de Enrique Ujaldón y Rafael Herrera, y bajo los auspicios de la SFPA, pudimos disfrutar en Elche el pasado martes. Para los interesados en conocer las tesis principales defendidas por Ujaldón les remito a esta página y a esta. Aquí me ocuparé de cuestiones más o menos secundarias que por algún motivo me llamaron la atención.

Ujaldón comenzó su ponencia matando al padre (Adam Smith) , como debe ser. Mostró el ponente la voluntad de superar a los clásicos del liberalismo del mismo modo que Einstein ha superado a Galileo. No se trata de argumentar si ser liberal o no, debate que a Ujaldón le pareció soslayable, sino qué tipo de liberalismo hay que defender.

Me gustó que Ujaldón se afanara en diferenciar el liberalismo del conservadurismo. Ambas posiciones se encuentran en ocasiones unidas -digamos- estratégicamente, pero ya está. El conservador desconfía del Estado como reformador social, pues supone que la sociedad tiene su propia dinámica y que está bien. El liberal desconfía también del Estado, pero no como reformador social, sino como inspector social, por decirlo de alguna manera. El liberal no teme las reformas, lo que teme es la esclavitud. El conservador no teme la esclavitud (aunque no necesariamente la desea), lo que teme son las reformas. Estas disquisiciones teóricas son importantes porque la deriva de la historia a veces nos hace comulgar con ruedas de molino y tenemos que ver cómo en el espacio político se confunde todo. De hecho yo diría que a veces incluso el conservadurismo más adánico tiene la jeta de presentarse como lo más progre de lo progre. Y para muestra, un botón: los ‘avatares esos’, que trajo a colación el mismo Ujaldón, que por algún motivo acababa de ver la película y parecía encontrarse traumatizado por ella.

Yo también vi la película, y además en 3D, pero he tenido que tirar de wikipedia para recordar que los ‘avatares esos’ son en realidad los na’vi, una raza humanoide, azul y brutal. Lo interesante de la película es Pandora, el planeta que habitan los na’vi. Parece que todos los seres vivos de Pandora pueden conectarse utilizando una especie de cableado nervioso que tienen en las colas, formando una especie de ‘red neural’. El conocimiento de cada uno de los individuos se almacena en la red, cuyo centro neurálgico, el árbol de las almas, es tomado por los na’vi por una especie de Dios. En cuanto un na’vi conecta el rabo al árbol, su estado de conciencia cambia, se quita el velo de Maya, y su existencia individual se revela pura apariencia; por unos instantes su percepción es la percepción de la Red, alcanzando una sabiduría holística. Por supuesto el árbol de las almas está amenazado por una gran empresa que pretende hacerse con cierto mineral que podría resolver definitivamente las necesidades energéticas de la tierra (ahí es nada). La malvada y cruel empresa, movida por el interés individualista que ha acabado con la tierra, contra la bondadosa, ‘natural’, raza de los na’vi, partícipes de una sabiduría superior, pero armados con lanzas y flechas. No hay que ser un gran exégeta para ver por dónde andan los tiros. Sin ir más lejos, los Comunistas de San Petersburgo han acusado a James Cameron de “apropiación de la propiedad intelectual socialista” (sic) y piden una orden de captura internacional contra el director. Añaden a sus acusaciones que “los adolescentes se asustan al ver esas caras azules, fruto de la imaginación enfermiza de Cameron, no pueden dormir por las noches, no descansan y en consecuencia ponen nerviosos a sus padres”. En todo caso, como señaló Ujaldón, es curioso que una película tan furibundamente contraria a la tecnología haga un uso tan exhaustivo de la misma.

La cuestión es que hay muchas Pandoras por ahí esperando que conectemos nuestros rabos neurales y perdamos nuestra conciencia individual, tan molesta, malvada y mezquina. Quizá una de esas Pandoras que se nos echan encima es el nuevo uso del concepto de ‘pacto’. Ujaldón trató también este tema en referencia al liberalismo. A diferencia de otras teorías políticas, el liberalismo, al menos el defendido por Ujaldón, no pretende terminar con la política, sino hacerla. Es un viejo sueño totalitario acabar con la política, alcanzar una sociedad sin clases, sin conflicto, sin motivos, al fin, para seguir haciendo política. Los pactos, que duda cabe, son herramientas políticas. Pero últimamente el concepto de ‘pacto’ parece utilizarse más como un fin que como un medio, y no sólo en el ámbito económico, sino también en el educativo (que me parece más peligroso). Parece ahora que todos tenemos que enchufarnos al pacto, que en el pacto, superando nuestra individualidad, alcanzaremos un estado de conciencia superior, una visión holística que resolverá todos los conflictos. Y opóngase usted a pacto, le tacharán de reaccionario, de no querer resolver los problemas, de individualista (toma), y Dios sabe de qué más.

Contra este instinto individuo-fagocitador de Pandora nos previno, tras la ponencia de Ujaldón, Rafael Herrera, en cuya conferencia defendió un modelo de individuo que no teme abstenerse de enchufarse a Pandora y que se construye frente a ella. Tal vez este individuo es tan utópico como la propia Pandora, pero es más sano.

II Olimpiada filosófica. De ovejas y Leviatanes.

El pasado sábado se celebró en Elche la segunda Olimpiada filosófica, organizada por la Sociedad de Filosofía de la Provincia de Alicante. De momento se ha hecho eco del asunto el diario información, pero seguro que en breve habrá alguna referencia más en la prensa. Sin duda el éxito de este tipo de actividades demuestra que la filosofía goza de buena salud en nuestros tiempos. Comparto completamente la valoración que del acto hace la SFPA y a ella me remito. Quisiera, sin embargo, comentar el acontecimiento a modo de espectador.

Sorprende, en primer lugar, la calidad de los participantes, sobre todo porque uno conoce de primera mano el sistema educativo que han sufrido; supongo que la inteligencia es tan difícil de extinguir como la estupidez. Es significativo también el hecho de que todos los concursantes compartían ciertas tesis de fondo. Como es sabido, el tema de este año era si debemos obedecer leyes injustas y, si no interpreté mal las distintas exposiciones, creo que podemos establecer los siguientes puntos de acuerdo entre ellas:
1) Todos los concursantes tendían, de un modo u otro, a vincular la justicia o injusticia de las leyes al régimen político en el que han sido aprobadas. Para expresarlo de una forma simple: en democracia las leyes son justas, y en el resto de regímenes no lo son.
2) Además de la justicia, también la obligatoriedad de la ley va ligada al régimen político. Dicho de otra manera, en democracia hay que obedecer y en los demás sistemas no necesariamente.
Por supuesto ninguno de los concursantes mantenía estas dos tesis en toda su pureza. Éstas más bien son una abstracción mía que, sin embargo, creo que recoge bastante bien el ‘espíritu’ de las diversas exposiciones. Según este ‘espíritu’ que creí percibir, la cosa quedaría como sigue: en democracia las leyes son justas y deben ser sistemáticamente obedecidas; mientras que el resto de regímenes son injustos y deben ser sistemáticamente combatidos. Sin duda la LOGSE ha cumplido su misión y eso que estos chavales, por edad, se han librado de la educación para la ciudadanía. Fue el catedrático de Filosofía del Derecho Manuel Atienza quien, con mucha suavidad, ‘regañó’ a los participantes acusándolos de ser ‘demasiado obedientes’. Por supuesto a los alumnos todavía les queda un largo camino por recorrer y tiempo tendrán para librarse de ciertos lastres. La cuestión es que ese concepto ambiguo, confuso y mítico de democracia como quintaesencia a priori de la justicia y fundamento definitivo de la obligación desprende un tufillo ante al cual es imposible no aflojarse la corbata. Y lo peor es la facilidad con la que se esgrime, la habilidad con la que nos lo cuelan y la rabia contenida con la que a veces nos lo tiran a la cara.
En manos de estos jóvenes pensadores está aprender a trasquilar ovejas, a ver si resulta que alguna oculta un Leviatán.
P.D.
No puedo dejar de agradecer a los 40 participantes de la Olimpiada su esfuerzo y su honestidad intelectual, gracias a los cuales todos pudimos disfrutar de una estimulante velada filosófica. Espero que su ejemplo cunda y que el año que viene se animen muchos más a participar. Quisiera por fin, a nivel personal, agradecer su participación a las alumnas del I.E.S. La Foia de Ibi Sandra Reche y Sara Yousfi -esta última galardonada con el tercer premio- por sus trabajos y el esfuerzo con el que se han ocupado de un tema tan difícil como el planteado.
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