Mero Facilitador

Un buen precepto que no voy a cumplir: No dar ideas.

Leo, en alguna web dedicada a la enseñanza, que en algunos centros para los problemas de disciplina están poniendo en práctica o planteándose algo así como “carnets por puntos”, y “contratos” para estudiantes – con acertada ironía plantea el autor del artículo que tal vez debería entrecomillarse esta última palabra- . Les invito a que intenten proponer una baremación, especial regocijo produce imaginar lo bien que se lo pasará más de uno de los poseedores de tal carnet racionando las tropelías, con la consiguiente mejora en cálculo -una bondad adicional de la medida-. Imaginar en cambio al cráneo privilegiado que propone la medida no les resultará difícil aunque menos divertido. Ignoro si tal propuesta se ha llevado a cabo en realidad, pero no es difícil pensar en algún posible promotor y en quienes fervientemente la secundarían. -«De diez cabezas nueve embisten y una piensa» ,Antonio Machado.-

Cualquier estudiante de lógica lo sabe, claro lo dejó Aristóteles: “una vez aceptado un absurdo se siguen todos los demás, no hay dificultad en ello”.

Ahí estriba toda la dificultad: alcanzar al primer absurdo. Pero no es nada fácil porque está bien protegido; la reducción al absurdo no sirve con los defensores de este sistema, estos te aceptan uno y mil absurdos y se quedan tan panchos.

Orwell en estado puro. Y lo que nos queda por ver.

Acompáñelo con un buen vino blanco y que aproveche.

Educación para la ciudadanía


Habla Protágoras:

«[…] Confieso que soy sofista y educador de los hombres. […] Joven, he aquí lo que obtendrás si estás junto a mí; Cuando hayas pasado un día a mi lado, volverás a tu casa más perfecto; lo mismo te ocurrirá al día siguiente, y así cada día, sin interrupción, progresarás hacia la perfección. Los demás sofistas corrompen a los jóvenes, pues, cuando dichos jóvenes tratan de evitar las ciencias técnicas, los sofistas les obligan a lanzarse sobre ellas, aunque no lo deseen, enseñándoles cálculo, astronomía, geometría y música […]. Por el contrario, el que venga a mi lado, sólo aprenderá aquello que haya venido a buscar. Y este aprendizaje versará sobre la eubulia [prudencia] en las cuestiones familiares, para que se administre excelentemente la propia casa, y sobre el gobierno del Estado, para que cada uno sea muy eficaz en los asuntos públicos, tanto con la acción como con la palabra.»

PLATÓN, Protágoras, 317 B

En este texto Platón nos expone, de manera sucinta, la pedagogía ‘de mero facilitador’ del sofista Protágoras: El cálculo, la geometría, la astronomía… bah! fruslerías que corrompen a la juventud. Hay que dejar que sean los alumnos los que se pongan sus propios límites: con Protágoras aprenderán lo que ‘han ido a buscar»… ¿Conocimientos? No señor; maña para llevar la casa y eficacia en los asuntos públicos. Protágoras no enseña nada, más bien abomina de la instrucción y de los conocimientos: ¡los niega! Lo único que hay es opinión, pluralismo -que se llama ahora. Ante este panorama Protágoras se llama «educador». La calaña de los alumnos de Protágoras la sospechamos; precursores, quizá, de la fauna marbellí, pero ¿Para quién educa? Hay otro texto donde Platón lo deja clarito:

«[…] Los buenos y sabios oradores hacen que las cosas convenientes al Estado parezcan justas, frente a las que son perniciosas. Pues lo que a cada Estado le parece justo y bello, efectivamente lo es para él, mientras que tenga el poder de legislar. Y el sabio hace que las normas estatales parezcan y sean convenientes a cada ciudadano […]» PLATÓN, Teeteto

Una educación para la ciudadanía, amigos… Convivencia, solidaridad y especulación inmobiliaria: lo que han venido a buscar.

Se prohíbe el Cero Patatero

¡Adiós al cero patatero! Según informa Antena3, el próximo curso los profesores no podremos calificar a los alumnos con tan denostado tubérculo. Es una buena noticia para los malos estudiantes: aunque no sepan nada, tendrán un 1 como mínimo. La razón, según parece, es que las autoridades educativas entienden que la mera asistencia a clase ya supone un aprendizaje, por mínimo que sea y que, por lo tanto, el 0 es injusto. Consideran, por otra parte, indeseable que se califique a los alumnos con esta nota porque es la más baja y humillante y podría hacerles pupa en su frágil orgullo. Esta apuesta del gobierno a favor del innatismo y de la tesis del buen salvaje es interesante, pero a mi juicio es:

1) Inútil
2) Absurda
3) Injusta
4) Perjudicial
5) Dogmática

Permitidme que a continuación argumente por qué creo esto.

1) Esta nueva normativa es INÚTIL, porque si de lo que se trata es de eliminar la ‘nota más baja y humillante’, no se consigue, porque aunque ésta ya no sea el 0, la nota más baja y humillante sigue existiendo, pero ahora será el 1. Si no hay 0, sacar un 1 es tan bajo y humillante como sacar un 0.

2) Que es una norma, además de inútil, ABSURDA, se sigue de lo anterior. En efecto, si ahora la nota más baja y humillante es el 1, tarde o temprano, si son fieles a sus principios, se darán cuenta de ello y prohibirán calificar con un 1, de modo que la mínima nota será un 2. Ahora bien, si son coherentes con sus postulados, tendrán que eliminar este 2, por ser la nota más baja y humillante. Este proceso eliminatorio de la nota más baja y humillante seguirá hasta que sólo exista una nota para todos: el 10. Pero en este caso, o el 10 ya no es una calificación (¿qué valor tendría como calificación, si no se puede sacar otra cosa?) o bien es la nota más baja y humillante y también debe ser anulada, con lo cual no hay calificaciones. Así que impedir que se califique con la nota más baja y humillante es impedir que se califique en absoluto.

3) Dada su inutilidad y su carácter absurdo, la norma no puede sino ser, además, INJUSTA. Si en el pasado ha habido alumnos con 0 y alumnos con 1 es porque alguna diferencia habría entre los dos. Al eliminar el 0 no se elimina esa diferencia, de modo que nos quedan dos alternativas:

  • Aquellos alumnos que tendrían un 0 tendrán un 1, y los alumnos que saquen un 1, seguirán con su uno, sin afectar al resto de alumnos. Claro que, los que tienen un 1 también tendrán su corazoncito y dirán que ellos, a diferencia de los de 0 sí que han hecho algo y que, por lo tanto, es INJUSTO que tengan la misma nota que los de 0 y que de haberlo sabido no hubieran hecho nada.
  • Para evitar esta injusticia podríamos subirle 1 punto a los que tuvieran un 1. Esto sería razonable ya que le hemos subido un punto a los que tenían un 0. Pero entonces los que tuvieran un 2 reclamarían, con razón, que a ellos también hay que subirles un punto. Se les tendría que conceder. Por supuesto el efecto dominó de reclamar 1 punto llegará hasta los alumnos de 9, a los que habrá que poner un 10. Pero entonces, ¿qué pasa con los que tenían un 10? Se fastidiarán porque, aunque les parezca INJUSTO, la ley no prevé aumentar la nota ‘más alta y honrosa’.

4) Precisamente por todo lo dicho anteriormente, eliminar el 0 es una medida PERJUDICIAL porque:

  • Perjudica a los alumnos con un 10, a los que no se les puede subir la nota. Y verán cómo sus esfuerzos auténticos son menospreciados, mientras que los esfuerzos supuestos de otros son premiados.
  • Perjudica a los profesores, que tienen que soportar cómo el gobierno se entromete en su labor profesional y decide por ellos despreciando su criterio, autoridad y profesionalidad.
  • Perjudica a los alumnos que realmente merecen un 0, porque regalándoles el 1 se les está engañando vilmente a ellos, a sus padres y al conjunto de la sociedad.

5) Después de todo ésto a nadie le sorprenderá ya que acuse a esta medida, además, de DOGMÁTICA. La razón es que presupone que los alumnos siempre y bajo todas las circunstancias, van a aprender algo. Bueno, precisamente eso, si aprenden o no, es lo que se trata de medir al evaluar, y no se puede presuponer que un resultado nulo no puede darse: eso habrá que verlo. No olvidemos que un alumno puede sacar un 0, bien porque no ha hecho nada y es un completo incompetente, bien porque es el profesor el completamente incompetente (Podría ser, ¿no?). Bien, al presuponer que todo el mundo adquirirá algún conocimiento, se están presuponiendo dos cosas:

  • A) Que no hay ningún alumno completamente incompetente.
  • B) Que no hay ningún profesor completamente incompetente.

El prejuicio se agradece, por la parte que me toca, pero creo que no es racional eliminar un medio que nos permitiría detectar la incompetencia total, en cualquiera de sus posibles sujetos.

Si tengo razón en mis críticas, entonces debemos enfrentarnos con un misterio: ¿Para qué esa medida? Si es inútil, no sirve para nada. Si es absurda, es impracticable. Si es injusta, es indefendible. Si es perjudicial, es inmoral. Si es dogmática, es irracional. Entonces, ¿por qué? A mi humilde entender, y esto es sólo una hipótesis que seguramente será falsa, se trata de una venganza. ¿Contra qué o contra quién? Ustedes dirán…

En defensa del Panfleto Antipedagógico

En el blog de Rafael Robles (cuya lectura, dicho sea de paso, os recomiendo) he podido leer un interesante post en el que el autor critica algunas de las tesis del panfleto antipedagógico de Ricardo Moreno. Yo no he podido evitar enviarle un comentario. Con el objeto de que nosotros también debatamos sobre una cuestión tan importante como la educación, cuelgo a continuación el post de Rafael Robles, seguido de mi comentario.


El post de Rafael Robles:

«Un niño cuyo padre es alcohólico y la madre le grita todos los días tiene el mismo derecho a estudiar que el niño cuyos padres crean un clima de amor y concordia en su hogar. No se pueden imaginar la cantidad de familias rotas en las que el ambiente de estudio es imposible o, cuando menos, mucho más desfavorable que aquellos que sí que cuentan con estabilidad en el seno de la familia. Por suerte la educación pública también piensa en los que lo tienen más difícil, incluso en aquellos que complican la labor diaria a los profesores por su comportamiento aprendido en casa.

Siempre digo a mis estudiantes que las nuevas tecnologías permiten aprender al ritmo que cada uno se proponga y orientando sus conocimientos según su vocación. El límite se lo ponen ellos y yo les sirvo meramente como facilitador. Donde estriba la función importante del profesor es con aquellos jóvenes que no estudian porque es imposible hacerlo en sus circunstancias. A mí se me caería la cara de vergüenza proponer la expulsión del sistema a los chavales cuyos modales dejan mucho que desear porque sus familias no les han sabido inculcar valores.

En segundo lugar la enseñanza privada lo único que hace es juntar a los señoritos y señoritas de familias bien. En ese sistema lo de menos son los profesores o las clases; lo importante son los contactos y amistades que fraguan estos hijos de ricos para reproducir las condiciones de producción en las siguientes generaciones. Deberíamos tender a una educación pública pero con la filosofía de trabajo de la gestión privada, como hacen en Estados Unidos.

Además, son muchísimos los centros privados (no solo la elitista a la que se refiere el panfleto), de orientación religiosa, que acogen sin apenas recursos a los desheredados del sistema que ni siquiera son asumidos por los centros públicos. Su labor es crucial.

Ojalá siga habiendo educación igualitaria pero no igualadora.»

Mi comentario-respuesta:

1) “Por suerte la educación pública también piensa en los que los tienen más difícil, incluso en aquellos que complican la labor diaria de los profesores por su comportamiento aprendido en casa”.

Es falso que la educación pública piense en los que lo tienen más difícil. De hecho lo que ocurre es lo contrario, la educación pública ha metido a todo el mundo en el mismo saco. La tan cacareada ‘atención a la diversidad’ se ha convertido en eso, un mero cacareo; eso sí, debidamente recogido en cientos de papeles, programaciones, unidades didácticas, etc., pero inviable dado el actual organigrama de la educación. Por otra parte, creo que es demagógico hacer equivalentes a “los que lo tienen más difícil” con “los que complican la labor de los profesores”. Los alumnos que complican mi labor como profesor son los que me plantean dudas, los que preguntan en clase, los que me exigen un nivel de conocimientos elevado y actualizado, los que me piden bibliografía complementaria, etc. Yo estoy encantado con estas complejidades, desgraciadamente escasas. Esos a los que parece que Rafael Robles se refiere no complican mi tarea, simplemente me impiden realizarla. Y por cierto, los que me impiden realizar mi tarea, no son necesariamente los que proceden de familias desestructuradas.

2) “El límite se lo ponen ellos y yo les sirvo meramente como facilitador”

Si el límite se lo ponen ellos, claro que el profesor es un facilitador, perdón, un ‘mero’ facilitador. Si seguimos dando ‘facilidades’ podemos estar convencidos de que conoceremos tiempos muy malos. No sé qué pinta tendrá un ‘facilitador’, y menos un ‘mero facilitador’, pero los mejores profesores que he tenido me lo pusieron muy difícil y me enseñaron a enfrentarme a esas dificultades y resolverlas. Afortunadamente no dejaron que me pusiera yo el límite sino que me llevaron a mí al límite. Al principio, recuerdo, nos parecía imposible llegar, y nos quejábamos, y maldecíamos… pero al final llegábamos, oiga. Claro que no todos… es lo que tienen los límites.

3) “Donde estriba la función importante del profesor es con aquellos jóvenes que no estudian porque es imposible hacerlo en sus circunstancias.”

Bien, resulta que con los ‘buenos’ somos ‘meros facilitadores’ y con los que no estudian ‘porque es imposible hacerlo en sus circunstancias’ nuestra función empieza a ser importante. Pues no, nuestra función es importante también con los que sí pueden estudiar. Es más, yo diría que es con ellos con los que podemos desarrollar una función realmente importante y no sólo como ‘meros facilitadores’. Hay muchas circunstancias que pueden impedir que un alumno pueda estudiar. Si hablamos de la cuestión familiar, llámenme antipático, pero creo que no es asunto del profesor. Ahí no tenemos ninguna función, primero porque no podemos hacer nada, segundo porque además no debemos. Lo que sí podemos hacer y además debemos hacerlo es garantizar que ese alumno que no tiene en casa un ambiente de estudio, lo tenga, al menos, en el centro. A mí se me caería la cara de vergüenza si un

alumno que no puede estudiar en casa debido a un ambiente de discusiones, peleas, faltas de respeto, etc., encuentre que tampoco puede estudiar en el centro porque el ambiente es tan malo como en su casa. O peor. Y lo mismo son los que viven en la casa de la pradera quienes arman camorra en clase. Vaya usted a saber.

Insisto, si la familia no ha sabido inculcar modales a su hijo, no es problema nuestro, y menos de los compañeros del niño. Un profesor no es una monjita ni un misionero. Ni siquiera es un voluntario de una ONG. Es ‘meramente’ un profesor. No se trata de expulsar a nadie del sistema. Se trata de lo contrario: integrar en el sistema. Si un alumno, debido a sus modales, impide que la clase se desarrolle con calidad, entonces el lugar del alumno EN el sistema no es ese, es otro. Y no me importan las razones por las cuales ese alumno sea un maleducado (perdón por la crudeza). Al médico le da igual si mi hueso se ha roto en una pelea o al caerme por

las escaleras: el tratamiento es el mismo. Si un alumno carece de modales por culpa de su familia, es normal que tenga problemas, pero es una víctima de su familia, no del sistema educativo. Y lo peor es que seguirá teniendo esos problemas aunque tope con un ‘mero facilitador’ que, lo lamento mucho, tampoco conseguirá enseñarle modales. Ni nada. La cara sí que se nos tiene que caer de vergüenza, una vez más, cuando un chaval, en cuya casa sus padres se han esforzado siempre por darle una buena educación, se ‘pervierte’ en el colegio por culpa de la permisividad de los profesores.

Por último, permitidme un link a un post publicado en ciudadprogreso.org donde se proponen algunas medidas que, según la autora, podrían mejorar la educación en España. Personalmente las considero muy interesantes.

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