Y, a pesar de todo, no nos vamos todavía.

Así
que hay templos todavía. Una
estrella
tiene todavía luz.
Nada,
nada está perdido,
Ho-
sanna
.

Paul Celan

Hace algunos años aquí mismo escribía:

«Fue una mañana del final del otoño -o quizá en el comienzo del invierno. No importa, era la mañana aún oscura de un martes frío; eso sí lo recuerdo con claridad y también que aquella noche no había conseguido pegar ojo. Subí las escaleras con más ligereza de lo habitual; me había acostado sin cenar y las digestiones livianas son una bendición para la circulación periférica. Al torcer el pasillo me encontré con lo que esperaba: solitario frente a la puerta me estaba esperando, apenas consiguió balbucear con tristeza y media sonrisa: “qué decepción”, con no menos tristeza y amarga sonrisa solo acerté a proferir: “bueno, leamos a los clásicos” señalando a mi ejemplar de la República de Platón. Terrible cinco a cero del Nou Camp.

Por descontado que en un curso pasan muchas más cosas, agradables, tristes, dolorosas, pero pocas tan memorables. La mayoría anodinas y algunas, no muchas, no merecen que se las tenga siquiera por sucedidas; y los cuarenta grados del verano que se avecinan se encargarán de que tal cosa ocurra.

Lo inapelable es que un nuevo curso -un nuevo ciclo- se cierra. Aunque la bandera del Real Madrid que tengo delante lo hace más grato. Nos queda la Décima.

Y,  como el poeta, dedico también un recuerdo a la afición en general.»

La cosas de la vida no tienen reposo,  todo fluye, y sin embargo, parece que nada hubiera cambiado; aunque ahora vayamos a por la Undécima -siempre estamos ahí.

….y  sin embargo,  después de 27 años ininterrumpidos de impartir Historia de la filosofía en el último curso de bachiller, toca despedirse; el próximo curso no será materia obligatoria en ninguna modalidad de bachiller. Quizá, a  pesar de todo, algunos  la escojan, quizá alguno quiera saber de Aristóteles, de Hume,  de Kant, de Nietzsche, de Ortega o de Heidegger, de Feyerabend o de Popper… o quizá no, quizá queden desiertas; pero esta vez no me despido,  porque seguirán estando ahí, porque pertenecen a las cosas eternas.

Me adhiero, eso sí, a la abominación que días atrás encontré en una página del Faceboock:

«Gente que utilizáis los avances de la ciencia
para crear helado de paella,
yo os maldigo»

Adiós muchachos

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La materia de Sociología desaparece del bachillerato. La orden la firmó, paradójicamente, el sociólogo -y desgraciadamente, también ministro- José Ignacio Wert.

Impartir durante ocho cursos esta materia ante grupos reducidos de segundo de bachiller ha sido una delicia – me maravillaba que tanto placer fuese consentido en jornada de trabajo, así que comprendía que tal oasis levantase sospechas y recelos. Canta Serrat que ninguna historia de piratas tiene final feliz, pues así lo quieren ellos mismos y la censura. Así que ya estaba durando demasiado esta cosa de la Sociología optativa para segundo de bachillerato.

Este curso lo hemos vertebrado en tres temas fundamentales a partir de los cuales surgían los demás:  1.  Conformidad y desviación 2. Etnicidad y conflicto 3. Cambio social.  Hemos reflexionado sobre cada uno de estos temas a partir de la lectura y comentario de tres novelas, para el primero nos hemos basado en No es país para viejos de Cormac McCarthy, para el segundo, Matar un ruiseñor de Harper Lee, para el tercero Un Mundo Feliz de Aldous Huxley. Como cualquiera puede imaginar,  con un grupo de siete alumnos de entre 17 y 18 años,  leer tales obras,  comentarlas de forma espontánea y seguir la conversación allá donde nos llevara a  lo largo de tres trimestres,  ha sido un auténtico crimen contra el espíritu del trabajo esclavo. En otros cursos han dirigido nuestros pensamientos,  El Retorno de Tahar Ben Jelloun,  El  Antropologo inocente de Nigel Barley, películas como Berlín, sinfonía de la gran ciudad, La vida de los otros, Good Bye Lenin,  La colmena, Vente para Alemania Pepe,  La misión, Hijos de la medianoche, Gran Torino… o las columnas periodísticas de Javier Marías y el blog de Joselu. En el trasfondo siempre estuvo Anthony Giddens  y  su ya clásico manual, Sociología.

Qué dispendio, qué derroche, y además sin la sombra contaminante de la vocación. Gracias chicos.

 

Y esto es todo, quizás. Alrededor

se ciernen las fachadas, y hay gentes en la acera

frente al primer semáforo.

 

Gil de Biedma.

 

 

La disputa de Davos. Heidegger versus Cassirer

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Davos fue el escenario elegido por Thomas Mann en su Montaña Mágica (1924) para representar el enfrentamiento entre Settembrini y Naphta. En 1928 durante la Semana Universitaria de Davos tuvo lugar la famosa disputa entre Heidegger y Cassirer, el paralelismo entre ambos enfrentamientos no pasó desapercibido para el público. Safranski, en su biografía de Heidegger, lo describe con maestría, aquí su síntesis final:

Si el ser-ahí  tiene dos actos: la noche de la que él brota y el día que supera la noche, Cassirer dirige la atención al segundo acto, o sea, el día de la cultura; Heidegger , en cambio, se interesa por el primer acto, él mira a la noche de la que nosotros procedemos. Su pensamiento fija aquella nada ante la que se alza por primera vez un algo. El uno se centra en lo que ha brotado, el otro en el origen. El uno se preocupa por de la casa de la creación humana, el otro se aferra fascinado al misterio abismal de la creación desde la nada, el cual acontece siempre de nuevo cuando el hombre despierta a la conciencia de su existencia.

Safranski. Un maestro de Alemanía. Martin Heidegger y su tiempo. 

Para los alumnos de 2º . Y en especial para los de Sociología -que son de letras :)

gil de biedma

NOCHES DEL MES DE JUNIO

A Luis Cernuda

Alguna vez recuerdo
ciertas noches de junio de aquel año,
casi borrosas, de mi adolescencia
(era en mil novecientos me parece
cuarenta y nueve)
porque en ese mes
sentía siempre una inquietud, una angustia pequeña
lo mismo que el calor que empezaba,
nada más
que la especial sonoridad del aire
y una disposición vagamente afectiva.

Eran las noches incurables
y la calentura.
Las altas horas de estudiante solo
y el libro intempestivo
junto al balcón abierto de par en par (la calle
recién regada desaparecía
abajo, entre el follaje iluminado)
sin un alma que llevar a la boca.

Cuántas veces me acuerdo
de vosotras, lejanas
noches del mes de junio, cuántas veces
me saltaron las lágrimas, las lágrimas
por ser más que un hombre, cuánto quise
morir
o soñé con venderme al diablo,
que nunca me escuchó.
Pero también
la vida nos sujeta porque precisamente
no es como la esperábamos.

Jaime Gil de Biedma