La luz, las cosas y las sombras.

Via Mirá! he descubierto la sorprendente obra del escultor Shigeo Fukuda. Lo peculiar de este artista es que el material al que da forma son las sombras. En el video podéis ver cómo un amasijo de hierros (cucharillas), al ser iluminado proyecta una sombra con una forma inesperada:

En la misma línea que Fukuda, tenemos la obra de Tim Noble y Sue Webster

Me pregunto si a Platón le gustaría (pinchar leer más):

-¿No sabes -dije-, con respecto a los ojos, que, cuando no se les dirige a aquello sobre cuyos colores se extiende la luz del sol, sino a lo que alcanzan las sombras nocturnas, ven con dificultad y parecen casi ciegos como si no hubiera en ellos visión clara?

– Efectivamente -dijo.

-En cambio, cuando ven perfectamente lo que el sol ilumina, se muestra, creo yo, que esa visión existe en aquellos mismos ojos.

-¿Cómo no?

– Pues bien, considera del mismo modo lo siguiente con respecto al alma. Cuando ésta fija su atención sobre un objeto iluminado por la verdad y el ser, entonces lo comprende y conoce y demuestra tener inteligencia; pero, cuando la fija en algo que está envuelto en penumbras, que nace o perece, entonces, como no ve bien, el alma no hace más que concebir opiniones siempre cambiantes y parece hallarse privada de toda inteligencia.

PLATÓN, La República, Libro VI


Otros posts ‘platónicos’ en antesdelascenizas.

Tácticas de partidos.

Cuando un partido se da cuenta de que un afiliado se ha convertido de un adepto incondicional en un adepto con reservas, tolera esto tan poco que, mediante toda clase de provocaciones y agravios, trata de llevarlo a la defección irrevocable y de convertirlo en adversario; pues tiene la sospecha de que la intención de ver en su credo algo de valor relativo que permite un pro y un contra, un sopesar y descartar, sea más peligrosa para él que un oposición frontal.

Friedrich Nietzsche.

No sólo en los partidos, allí donde un grupo se cohesiona en torno a unas ideas, irremediablemente aparece no sólo un líder, también la figura del inquisidor y sus delatores, el corifeo y sus ecos. La lucidez irónica es considerada deslealtad, un “no” es traición, un “quizás”, desafección.
Donde se congrega un grupo entusiasmado alguien corre el peligro de ser despedazado y devorado. En los partidos modernos prima el cálculo sobre el entusiasmo, por lo mismo, es más común la expulsión que el descuartizamiento. Desgraciadamente, otras cofradías no han progresado tanto.

El instituto antes de la guerra civil.

Sigo leyendo la novela de Ramón J. Sender Crónica del Alba. Se trata de una de esas novelas largas (la edición que yo manejo son dos tomos de unas 600 páginas) que, sin embargo, no aburren. Y eso que no hay un argumento claro. La novela simplemente es la autobiografía de Pepe Garcés (¿Alter ego de Ramón J. Sender?), desde el principio de su vida. Los personajes, especialmente Pepe, van creciendo junto a nosotros y al final uno llega a tener hacia ellos algo parecido al afecto (¿se puede tener afecto por un personaje de ficción?). Sólo he tenido esta agradable sensación con esta novela y con La Montaña Mágica, de Thomas Mann. Se trata de una novela que se deja saborear, y os aseguro que sabe muy bien; uno desearía que no terminara jamás.
Ojalá la leyerais De momento me conformo con compartir aquí un fragmento que me ha gustado porque, de algún modo inexplicable y a pesar de la distancia temporal que me separa de Pepe Garcés, veo reflejado en él mi propia experiencia como alumno de instituto. Tened en cuenta que el texto describe un instituto de la España previa a la guerra civil (ha llovido desde entonces, pero la lluvia siempre es la misma):

A todos los profesores les habíamos puesto apodos, a veces malsonantes, y ellos, que seguramente lo sabían, nos odiaban y trataban como a casta maldita que había que exterminar.
En cada clase seríamos alrededor de ciento diez o ciento quince.
Como suele suceder, en los primeros días cada chico consideraba a su vecino más importante de lo que era. Todos andábamos curiosos y se establecían amistades por afinidad y a veces por discrepancia y contradicción.
Entre los mayores había pícaros que blasfemaban, tenían a gala padecer alguna enfermedad venérea y jugaban terriblemente a las cartas. Solían ser cuatro o cinco años mayores que yo y violentos y desdeñosos.
Al entrar en la clase, algunos dejaban el cigarrillo apagado en lo alto de un zócalo que cubría la parte baja del muro. Al salir, se había consumido del todo, dejando una huella ocre en la madera.
Había en las paredes de los retretes escritas muchas obscenidades.
Desde el principio yo comprendí que el instituto no tenía interés. La cultura -si tal cosa existía- debía estar en otra parte. Todo era incómodo y falso. Nadie leía la lección ni ponía fe alguna en lo que estaba haciendo. Se trataba de engañar a los profesores.

Se me ocurren algunas reflexiones pedagógicas… pero este post ya es muy largo.

Un largo camino y una efímera recompensa

Se puede respirar hoy un aire melancólico, quizá por el gris matiz que el ambiente presentra. Buen día para encerrarse en casa y proponer un nuevo debate.

Bien, después del «éxito» de la actualización de hace unos días sobre la felicidad, me he animado a dar pie a un nuevo debate (no tan nuevo, en realidad). He encontrado un video que me ha llamado la atención y que personalmente me ha gustado mucho. Aquí lo dejo:

Un poco triste, toda una vida de esfuerzo para tan efímera recompensa.

A veces sacrificamos todo por un momento de felicidad. A veces intentamos alcanzar nuestros sueños sin importar las consecuencias.

¿Vale más un momento de felicidad o una vida entera de desdicha?

Aristoteliano

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