La Biblioteca de Babel.

Una de las ficciones que mayor regocijo me causa al pensar en ella es la inquietante biblioteca que describe Borges en el cuento que titula La Biblioteca de Babel. Se trata -para los que todavía no han tenido la suerte de leer el cuento- de una biblioteca presumiblemente infinita. La mayoría de los libros no parecen contener nada inteligible, simplemente letras al azar. La razón es que cada libro es una combinación de letras. Puesto que hay infinitas combinaciones, habrá infinitos volúmenes. Pero habrá un primer libro. Al abrir este primer libro podremos leer: ‘a’. Y ahí termina. Tal vez en el segundo libro ponga ‘aa’. La cuestión es que estas combinaciones se irán complicando. Tal vez el libro que ocupe el número 20.000 esté compuesto simplemente por la combinación ‘afrgr’. Podríamos calcular exactamente el lugar que ocuparía cada libro en la biblioteca si estuvieran ordenados alfabéticamente según su contenido. De hecho podríamos hacer un programa de ordenador bastante sencillo que, por simple combinatoria, al introducir un número, imprimiera en la pantalla el libro correspondiente. Así, si introdujéramos en el programa el número 1, imprimiría ‘a’, si introdujéramos el número 2, imprimiría ‘aa’, si introdujéramos el número 3, imprimiría ‘ab’, con el número 4, ‘ac’; con el 5, ‘ad’, y así sucesivamente. Ahora bien, el Quijote, por ejemplo, es una determinada combinación de letras. Por lo tanto ocupará algún lugar en la lista ordenada alfabéticamente de todas las combinaciones posibles de letras. ¿Pero qué lugar ocupará? Si el Quijote tuviera sólo 1000 letras, no ocuparía un lugar menor que el 1,4389024174009162522784952234853e+1447 (en notación científica). El Quijote tiene más de 1000 letras, pero si intentamos hacer el cálculo, la calculadora nos dará error porque el número resultante es demasiado grande. Por lo tanto, nuestro programa, aunque es posible -y fácil- de escribir, necesitará para ejecutarse adecuadamente de un super-ordenador. Pero supongamos que existe y que introducimos un número al azar suficientemente grande y que resulta que corresponde a un Quijote con algunas variaciones, pero que resulta que es mejor que el de Cervantes. O mejor aún, supongamos que por azar -y con muchísima suerte- damos con una novela que todavía no está escrita, pero que resulta ser genial. ¿Quién será su autor? Por supuesto, en esta biblioteca infinita también hay una crítica de esa obra, y una traducción al latín de la misma. Uno de los libros (¿Cuál será su número?) es la descripción detallada de nuestra muerte, otro es una obra perdida de Aristóteles y otro un tratado de geometría hiperbólica. Algunos de los libros serán diccionarios. Habrá diccionarios español-inglés, español, griego, etc. En realidad estarán todos los diccionarios posibles. Algunos incluso nos permitirían traducir textos escritos en lenguas que no existen. Sin embargo, lo más probable es que al introducir un número en el ordenador, la combinación correspondiente fuera un sinsentido. Aunque esto también es discutible. ¿Podría ser que TODOS los libros significaran algo? Veamos. Una de las combinaciones posibles (no sé qué lugar ocuparía) es ‘ajsks skdsk jfjhhgyu’. Bien, pues con toda seguridad -dado que es una combinación posible-, habrá en la biblioteca un diccionario que relacione cada una de esas ‘palabras’ con una palabra del español de modo que la frase pueda traducirse con sentido. Si esto puede hacer con ‘ajsks skdsk jfjhhgyu’, entonces puede hacerse con cualquiera de las otras combinaciones. De este modo, para cualquiera de los libros, aunque parezcan galimatías, podremos encontrar un diccionario y un tratado de gramática que lo conviertan en, quizás, un hermoso libro de poemas.

Ahora recuerdo que, en algún lugar (escribo de memoria), el filósofo Quine trata esta misma cuestión. Él se pregunta cuál será el mínimo número de caracteres con el que podríamos construir esta biblioteca. La respuesta es 2. Sólo con el 0 y el 1 podemos codificar cualquier lenguaje. Así pues, el mínimo abecedario posible para la máxima biblioteca imaginable sólo contiene dos letras.

Yo creo que esto tiene algunas implicaciones importantes. Pero las dejo para otro post.


Análisis lógico de la esencia del Nihilismo.


El nihilismo es, en lo esencial, la creencia según la cual todo se acaba, se consume, se reduce finalmente a nada.

Esto tiene como presupuesto que todo se forma, se hace, se crea, primeramente a partir de nada. De lo contrario habría un pasado que no se acabaría nunca y haría imposible el presente, al suponer éste la regresión al infinito. Y si todo nace y muere, se crea y se destruye, entonces todo es temporal, nada es eternamente. Todo tiene una determinada duración en la que aparece y desaparece, siendo esta apariencia toda su realidad. Todo es fenómeno, nada es sustancial.

Para el nihilista, pues, nada es la sustancia, el sustrato permanente y eterno de todo, aquello de donde todo sale y va a parar, y por tanto, nada es atributo, nada se sustenta de la sustancia. Todo surge de nada, es decir, todo surge de sí mismo como absoluta imagen que sobre nada se proyecta. Nada es, pues, sustancia; nada determina los atributos. Todo es lo que se muestra, lo que ocurre, y en última instancia se muestra en sí mismo y para sí mismo, es decir, en nada y para nada; todo es porque sí, todo es como es; sin carencias, ni defectos, ni faltas. Todo es absolutamente fáctico, facticidad que excluye la responsabilidad; de todo nada responde.

Más aún, el nihilismo implica que todo no es sólo fenómeno, sino un fenómeno absurdo, y por tanto, irreal. En efecto, si todo surgiera de nada, de sí mismo, nada lo agotaría, nada lo consumiría, y sería eterno, perfecto y dichoso. Además, todo no puede surgir de sí mismo, porque entonces sería él mismo antes de nacer. Ni tampoco de la nada, porque “de donde no hay no se puede sacar”.

Finalmente, la concepción nihilista de todo como siendo un tiempo y no siendo una eternidad –como no siendo pero pareciendo ser- implica ,por absurda, que el ser y el porqué –sentido, significado, razón, “logos”- de todo son absolutamente trascendentes. Todo -fenómeno temporal- como no tiene su ser, su razón de ser, en él mismo, ni en nada, ha de tener el ser en algo “otro”, separado, diferente, que ha de tener el ser en sí mismo, que es por tanto eterno, perfecto, pleno de dicha y sentido que, no obstante, no se muestra, no se expone, sino que se oculta, se supone. El ocultamiento de este ser en sí imposibilita determinar cómo otorga su ser a todo, por qué lo crea y lo destruye, cómo lo sustenta; y asemeja todo a nada al “permanecer fuera” (éxtasis) de ambos. Pero nada es sin sentido; todo, un misterio. Todo depende, todo tiene necesidad del ser y del sentido del que se sustenta y que la razón humana no puede descubrir. Nada no.

Así, el nihilismo en cuanto afirma la nada de todo, también de la razón (Vanidad de vanidades. Todo es vanidad), prepara el camino al misticismo –creencia según la cual el ser en sí (el que es) se nos revela en una experiencia extática- y a su vez es reforzado por él: el misterio se diluye en éxtasis y la experiencia de la nada surge ante una razón fracasada en la búsqueda del ser en sí, de la inteligibilidad, bondad, felicidad.

Juan José Bayarri.

 

Somos el tiempo. Somos la famosa
parábola de Heráclito el Oscuro.
Somos el agua , no el diamante duro,
la que se pierde, no la que reposa.
Somos el río y somos aquel griego
que se mira en el río. Su reflejo
cambia en el agua del cambiante espejo,
en el cristal que cambia como el fuego.
Somos el vano río prefijado,
rumbo a su mar. La sombra lo ha cercado.
Todo nos dijo adiós, todo se aleja.
La memoria no acuña su moneda.
Y sin embargo hay algo que se queda
y sin embargo hay algo que se queja.

Jorge Luis Borges.

La vida privada del Schistosoma

De un tiempo a esta parte me viene interesando el mundo (mundillo) de los parásitos. Ya he publicado un par de post sobre estos simpáticos bichos (Hongos y hormigas-zombi y Locos por los gatos) y, aun a riesgo de repetirme, he aquí el tercero. La razón de que me anime con este tema otra vez es que he descubierto al Schistosoma. A simple vista es un simple gusano, pero guarda un hermoso secreto. Antes de desvelarlo veamos este video grabado con ayuda de un microscopio:

En el video vemos dos schistosomas -concretamente schistosoma mansoni– copulando. ¿Dos? ¿Y dónde está el segundo? Este es el bello secreto que guarda nuestro amigo: en su interior. Resulta que en cierta fase de su ciclo vital, la hembra del schistosoma se introduce en el interior del macho, en una cavidad diseñada ad hoc denominada canal ginecóforo. Pero la hembra no entra en el macho sólo a copular, sino que se queda allí a vivir, dependiendo de él incluso para alimentarse. A partir de ese momento viven juntos y -nunca mejor dicho- compenetrados.

Ocurre con los schistosomas lo mismo que en aquél mito que recoge Platón en su Banquete y que pone en boca de Aristófanes. Hubo un tiempo -cuenta el mito- en que los seres humanos eran una especie de bola con cuatro piernas, cuatro brazos y una cabeza con dos caras. Estos seres humanos vivían tan felices que su dicha resultó ofensiva a los dioses, que decidieron castigarlos partiéndolos por la mitad y remendando la herida (el ombligo es un remache). Desde entonces los seres humanos andan tristes porque se han quedado sin su otra mitad. Sin embargo, a veces, alguno tiene la suerte de encontrarse con el o la que fue su otra mitad y entonces ambos sienten un irrefrenable deseo de volver a unirse. Lo dramático es que en su furor amoroso nunca conseguirán esa unión perfecta, siempre estarán partidos. Algo parecido a esa unión perfecta que buscamos con el amor es lo que ha conseguido el schistosoma.
Pero no todo en el schistosoma es tan hermoso. Además de ser un amante entregado, es la causa de una terrible enfermedad: la esquistosomiasis, que ha hecho estragos en Egipto, China, Filipinas, Japón, Indochina, Oriente medio y América del Sur. No hay belleza sin dolor.

Niñería y comodidad.

Una de las características de este lugar es que nos servimos sin escrúpulos de la brillantez de los demás –al menos yo no tengo ningún reparo- y si nos falta el don de la creatividad que no nos falte al menos la capacidad de admiración; dice Cernuda que el poeta aunque con el tiempo –ay, el tiempo- pierda la capacidad de enamorar, lo que nunca pierde –mientras pueda seguir llamándose poeta- es la capacidad de enamorarse . Hoy me ha divertido especialmente leer a Arcadi Espada del que cito dos fragmentos que me han parecido especialmente inteligentes y regocijantes:

1.Referiéndose a la película “Una verdad incómoda” de Al Gore, Arcadi Espada nos dice: ”debo subrayar que puede ocasionar episodios de angustia a los niños, porque contra lo que indica la apariencia la sensibilidad ecológica de la niñería está ya muy desarrollada. Basta con observar qué distinto efecto provocan en los hombrecitos la muerte de un bebé asfixiado por sus padres o la de una ballena agujerada por su arponero. Yo lo he observado, y en ciclos distintos de la niñería, y los resultados son desmoralizadores. Por otro lado la máxima preocupación de los niños es el niño concreto mismo y la desaparición del planeta les horroriza hasta el histerismo: dada su edad calculan que estarán a bordo cuando se deshagan los polos. Por lo tanto me parece que roza la irresponsabilidad insistir. Aunque se trate del cine gore, insistente por defecto”

Finaliza Arcadi especialmente lúcido:

2. Así que, como siempre y después de los dolores, acabo comprendiendo al Gobierno: hacer cómoda la verdad (servirla a domicilio) es una de las primeras normas del adoctrinamiento.

El artículo no me interesa tanto por el tema concreto al que hace referencia, como por lo ecos… los ecos y los reflejos en los que siempre habitamos y que son ellos mismos frutos de otro desorden –mental.

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