Teología negativa
30 agosto, 2007 Deja un comentario
Si después de todo resulta que Dios sí existe, algunos se sorprenderán más que los ateos. Véase también esto.
Filosofía, ciencia y cultura
30 agosto, 2007 Deja un comentario
Si después de todo resulta que Dios sí existe, algunos se sorprenderán más que los ateos. Véase también esto.
24 agosto, 2007 Deja un comentario
En El País de hoy -24/08/2007- encontramos un sugerente artículo de Juan José Millás. La lectura de Millás me trasmite finura psicológica, una cierta hipocondria propia de los buenos observadores (auto-observadores) y un sentido del humor que me parece surgido del nihilismo existencial y del pesimismo anímico, frente a los cuales sirve no como antídoto pero sí como tratamiento paliativo. Me atrae, algunas veces lo he comentado, la concepción de la realidad como totalidad orgánica viviente -hilozoísmo; las mismas cosas artificiales están en los textos de Millás dotadas de vida. En cambio, en sus artículos sobre «las políticas de partidos», a mi entender, se deja llevar algunas veces por la combatividad y el encono y cae en la parcialidad -o al revés,¿es la parcialidad el origen?-. Con todo, la mayoría de las veces sus observaciones resultan certeras y reveladoras. Es una de las firmas que siempre me gusta leer.
Os dejo con Millás.
«Me encontraba en la cocina, pelando filosóficamente (¿hay otro modo?) unas judías verdes para la cena, cuando entró el perro y me preguntó si íbamos a salir. No le contesté porque, sabiendo como sé que los perros no hablan, deduje que aquello sólo podía ser una alucinación auditiva, producto del calor o de una siesta confusa, de la que no me había recuperado. Por eso, se me heló la sangre en las venas (¿en dónde si no?) cuando mi mujer, que estaba en la habitación de al lado, me preguntó con quién hablaba. Con nadie, balbuceé intentando ocultar mi turbación. Pues si no te importa hazlo en voz baja, añadió ella.
Permanecí un rato observando atónito al perro y luego continué pelando las judías como si no hubiera pasado nada (a partir de cierta edad, los sucesos sin explicación se multiplican como hongos). Pero al día siguiente, -estaba limpiando unas sardinas con las escamas plateadas (influencia de Lorca), cuando entró de nuevo el perro con expresión de querer decirme algo. Esta vez me adelanté a él y di un par de ladridos muy convincentes. ¿Por qué ladra el perro?, preguntó mi mujer. Porque quiere salir, dije, es la hora. Pues sácalo, sugirió ella. Le puse la correa, nos fuimos a la calle y estuvimos una hora hablando de Kierkegaard sin levantar sospechas.»
El Artículo en El País
Puede escribir a Juan José Millás en cerbatanamillas@elpais.es
17 agosto, 2007 Deja un comentario
Aprovecho el mes de Agosto para leer a Schopenhauer, cuya concepción de la vida humana quedaba reflejada en la cita del último post. Como trágica ilustración de su pesimismo os remito a una página que he descubierto recientemente. Se trata de un mapa en el que se señalan en tiempo real los últimos desastres ocurridos en el mundo.
16 agosto, 2007 Deja un comentario

Es verdaderamente increíble cuán insignificante y fútil parece, vista desde fuera, la vida de la mayor parte de los hombres, y cuán melancólica e irreflexiva es sentida interiormente. Es una aspiración vaga, tormentos sordos, una marcha vacilante y soñolienta a través de las cuatro edades de la vida, hasta llegar a la muerte, todo acompañado de pensamientos vulgares. Son semejantes los hombres a relojes a los que se da cuerda y que andan sin saber por qué; cada vez que un hombre es concebido y viene al mundo, el reloj de la vida humana tiene cuerda de nuevo para repetir frase a frase y medida a medida con imperceptibles variaciones la sonata, tocada ya innumerables veces.
Cada individuo, cada figura humana, con su existencia no es más que un breve ensueño de la eterna voluntad de vivir, del genio inmortal de la Naturaleza. Es un bosquejo más, fugitivo, que traza, jugando, la voluntad, sobre su lienzo infinito (el espacio y el tiempo), y que no deja durar más que un instante imperceptible, borrándolo enseguida para dibujar nuevas imágenes. Con todo, éste es el aspecto grave de la vida, cada uno de esos bosquejos fugitivos, cada uno de esos vulgares croquis debe pagarle a la voluntad de vivir, en la plenitud de su violencia, con mil profundos dolores, y al cabo en el amargo precio de una muerte, largo tiempo temida y que infaliblemente llega. Esto es lo que hace que la vista de un cadáver nos ponga repentinamente serios.
La vida de cada individuo, considerada en su conjunto y en su generalidad, sin fijarse más que en los rasgos principales, es siempre una tragedia; pero examinada en sus pormenores se convierte en comedia, pues el sesgo y tormentos de cada día, las molestias incesantes del momento, los deseos y los temores de la semana, las contrariedades de cada hora, enviadas por la suerte, ocupada de continuo en hostigarnos, son verdaderas escenas de comedia. Pero los deseos siempre defraudados, los esfuerzos que fracasan siempre, las esperanzas que la suerte pisotea implacablemente, los errores fatales de toda la vida, con el dolor, que va creciendo, y con la muerte por desenlace, forman en verdad una tragedia. De esta manera, como si a la desolación de nuestra existencia hubiera querido añadir la suerte el escarnio, nuestra vida encierra todos los dolores de la tragedia, sin que conservemos, al menos, la dignidad de personajes trágicos. Por el contrario, somos forzosamente, en los pormenores de la vida, vulgares caracteres cómicos.
Arthur Schopenhauer: El mundo como voluntad y representación, vol. II, libro IV, 58