Competencias básicas (1): comer conejo crudo

De un tiempo a esta parte el llamado ‘enfoque competencial’ monopoliza el discurso pedagógico. No dejo de escuchar constantemente cosas del tipo ‘ahora lo importante son las competencias’, aunque casi siempre esta preocupación sólo se da a la hora de escribir inútiles programaciones, especialmente entre opositores, que suelen aclarar que ‘es lo que el tribunal quiere oír’. Nadie sabe a ciencia cierta qué es eso de las ‘competencias básicas’, y si se interroga a los expertos sobre ello suelen citar a Chomsky (al que probablemente no han leído), y encadenar palabras atropelladamente. Las explicaciones suelen ser abundantes pero estarán de acuerdo conmigo en que les falta ‘claridad y distinción’. Dicen que el llamado ‘enfoque competencial’ pretende un aprendizaje integral (?), entendiendo por esto que el alumno no ha de contentarse con saber ALGO, sino que ha de saber HACER algo. Bueno, más o menos.

Con la voluntad de aclararme y aclararles a todos ustedes este concepto comenzaré una serie de posts dedicados al tema. En este primer envite quisiera presentarles el caso de unos profesores de historia alemanes que decidieron aplicar a sus clases este ‘enfoque competencial’. Como era de esperar, cuando esto de las competencias básicas sale de las programaciones para entrar en el aula, acaba uno saliendo en la prensa, concretamente en El Mundo de hoy, 2 de abril de 2011:

Personalmente no veo tan grave la ‘masacre de animales’, y es verdad que nos estamos volviendo todos un poco tiquismiquis, pero espero que cuando lleguen estos profesores a estudiar la Revolución Francesa renuncien a las competencias básicas…

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10 predicciones sobre la Escuela 2.0 que me fastidiaron el lunes

Ayer lunes tuve que madrugar considerablemente para llevar a un familiar al aeropuerto. Suelo ser bastante remolón para despertarme, por eso aproveché la ocasión para disfrutar de todos los placeres que Dios reserva a los aplicados madrugadores. Tomé un delicioso capuchino de máquina en un aeropuerto casi vacío y volví a casa conduciendo a las cinco de la mañana por carreteras oscuras, escuchando jazz en la radio. Cuando llegué renuncié a mi propósito inicial de volver a acostarme y preferí leer la prensa (cibernética) del día y desayunar un bocadillo de jamón con aceite que yo mismo me preparé sin las acostumbradas prisas. Vi amanecer. Ya de día hice algo de deporte, me duché y me afeité. Estaba preparado para ir a clase en un estado que sólo puede definirse como de plena y beatífica felicidad. Pero cometí un error que me arruinó el día: tomé en la sala de profesores un ejemplar de Magisterio para encontrar, en su sección de opinión, un artículo firmado por un tal Mikel Agirregabiria, que dice ser Responsable de Innovación Educativa de Bizcaia. El artículo se titulaba ‘La Educación (2.0) que nos (con)viene’, y a medida que lo leía me iba sintiendo más y más cansado. Acabó por desaparecer toda la dicha que me regaló la madrugada y me acabé sintiendo como un somnoliento funcionario recién levantado.
El artículo consta de una serie de predicciones acerca de lo que el tal Mikel denomina Escuela 2.0, y que fecha en un futuro cercano. Concretamente diez de estas predicciones consiguieron removerme la bilis de forma especial, llenándome de amargura el cielo de la boca. No tengo muchas ganas de analizarlas una por una y además no quisiera privarles a ustedes del placer de sacar sus propias conclusiones, de forma que me limitaré a compartirlas y si acaso haré algún que otro comentario jocoso que identificaré coloreándolo. Tal vez resalte algún concepto en negrita. He de advertir que todas las citas son exactas, por descabelladas, infantiles o mal escritas que parezcan.

  1. La educación contemporánea necesita preparar a nuestra infancia y juventud para convivir y aportar a instituciones sociales reticulares muy novedosas. Seguirá habiendo fábricas, pero muy robotizadas. Está claro que en esas ‘instituciones reticulares muy novedosas’ no es necesario saber usar las preposiciones, como estarán tan robotizadas…
  2. Como herramienta universal de aprendizaje se utilizarán los netbooks, por el momento, las tabletas, muy pronto, y en uno o dos años algo parecido a los actuales smartphones (teléfonos inteligentes, como la mayoría de los actuales a partir de la gama media). ¿Algo parecido a los actuales smartphones? ¿Qué será, por favor, qué será?
  3. Los entornos personalizados de aprendizaje Personal Learning Environment (PLE) provocarán una revolución educativa sin precedentes, generando una REDucación personalizada que crecerá y se adaptará en todo momento a la persona a quien sirve. ‘REDucación’… qué ingenioso. Y, cómo no, las siglas y el inglés, para dar empaque.
  4. Una premisa educativa, de profundo calado y ya factible, es esta conexión permanente con la red de redes, en todo momento, incluidos los tiempos de examen. La evaluación conectada y en red será el motor de cambio y el punto de partida. No caben más pruebas donde no se pueda consultar libremente desde la Wikipedia… hasta el Rincón del Vago. Probablemente las dos únicas fuentes de información que maneja el Mikel este. No me extrañaría que se hubiera sacado la carrera -si es que la tiene- a base de ‘Rincón del Vago’.
  5. […] ahora, además del alumnado presencial, la Educación 2.0 nos enlazará con nuevo alumnado remoto que comparta los mismos intereses y pasiones que cada aprendiz o aprendiza. De no haber usado el concepto ‘alumnado remoto’ me estaría ahora mismo burlando de lo de ‘aprendiz o aprendiza’.
  6. En una Escuela 2.0 determinadas labores pueden quedar en manos de miembros del alumnado, a fin de estimular su iniciativa y aportación a la comunidad. Este es capaz de nombrar Jefe de Estudios a un alumno, para motivarlo.
  7. El profesorado sigue siendo la clave educativa para lograr la transición hacia una Educación 2.0. Su auctoritas, más que en la potestas jerárquica, debe basarse en una identidad personal y digital que sea reconocida por la comunidad escolar. […] la jerarquía ha de respaldarse en la “redarquía” (netarchy) derivada de la reputación en la red. Yo tengo 110 amigos en Facebook, ¿me dará puntos para los sexenios?
  8. La Educación necesita más transparencia […] Desde el exterior sabremos qué se propone como labor de aprendizaje en cada jornada escolar, veremos cómo se interactúa entre los agentes educativos participantes, podremos aportar materiales y metodologías de avance y evaluaremos casi directamente los progresos individuales y grupales. Me volveré a leer 1984 para ir preparándome.
  9. El propósito de la Educación es aprender a vivir… y se extiende a lo largo de toda la vida… viva. Dejar de aprender cada día y cada hora algo significativo que nos haga crecer como personas es… empezar a morir. Los calendarios y horarios escolares se ampliarán significativamente […] Muy bien traído, sí señor.
  10. Hoy ya se puede cumplir a la perfección aquella máxima de que hemos de aprender más todos… de todos los seres humanos. Porque los docentes también aprendemos de los discentes, los adultos de los niños, los “sabios” de los “ignorantes”Mucho me temo que este tío ha puesto ya en práctica su consejo, porque parece que haya aprendido a escribir de los ‘discentes’, de los ‘niños’ o de los ‘”ignorantes”‘.

En fin, lamento sinceramente los posibles daños que haya podido causar en sus respectivos estados de ánimo compartiendo estas sandeces con ustedes. En todo caso puede resultar reconfortante recordar que Mikel Agirregabiria y todos los de su panda cuentan con un poderoso enemigo que hasta ahora les ha puesto las cosas bastante difíciles y que puede estropearles todas sus predicciones: el sentido común.

Les dejo un  enlace al artículo entero, cuya lectura es muy prescindible, pero pueden recomendárselo a algún enemigo. También pueden verlo AQUÍ.

Las cautelas de Descartes

J.N. Robert-Fleury - Galileo frente a la inquisición

Como es sabido, cuando Galileo es arrestado y condenado en 1633, Descartes sufre una gran conmoción, pues acaba de componer un tratado en el que sostiene tesis semejantes a las de éste y decide no publicar su libro Mundo. En la siguiente carta, Descartes explica a su amigo Mersenne las razones que le llevan a no publicar su obra:

Quería enviaros mi Mundo como regalo de Año Nuevo, y hace sólo dos semanas estaba dispuesto a mandaros al menos una parte, si no podría copiarlo todo a tiempo. Pero tengo que decir que, mientras tanto me tomé la molestia de preguntar en Leiden y Amsterdam si tenían el Sistema del mundo de Galileo, pues pensaba haber oído que se había publicado en Italia el año pasado. Me dijeron que se había publicado, pero que todas las copias habían sido quemadas inmediatamente en Roma y que Galileo había sido condenado y castigado. Me quedé tan sorprendido que casi decidí quemar mis papeles o al menos no dejar que nadie los viera. No podía imaginar que Galileo -italiano y, según creo, bien visto por el Papa- pudiera ser considerado un criminal por haber intentado establecer, como sin duda hizo, que la Tierra se mueve. Sé que algunos cardenales habían censurado esta opinión, pero creía haber oído que al mismo tiempo se enseñaba públicamente incluso en Roma. Admito que si la opinión es falsa, también lo es todo el fundamento de mi filosofía, pues también con ella quedaría demostrada, y está tan estrechamente entreverada en cada parte de mi tratado que no puedo eliminarla sin dejar el resto de la obra defectuoso. Pero por nada del mundo querría publicar un discurso en el que la Iglesia pudiera encontrar una sola palabra censurable. Prefiero eliminarlo que publicarlo de una forma mutilada.

(Citado en A.C. Grayling, Descartes, p.p. 208-209)

El argumento principal de la Iglesia para oponerse al heliocentrismo era el Salmo 104:

¡Señor, Dios mío, qué grande eres!

Estás vestido de esplendor y majestad

y te envuelves como un manto de luz.

Tú extendiste el cielo como un toldo

y construiste tu mansión sobre las aguas

Las nubes te sirven de carruaje

y avanzas en alas del viento.

Usas como mensajeros a los vientos,

y a los relámpagos, como ministros.

Afirmaste la tierra sobre sus cimientos:

¡no se moverá jamás!

La soledad de Descartes o de cómo se filosofa a ‘cogitazos’

Durante el mes de enero hemos estado de mudanza en clase. Durante la primera evaluación estuvimos viviendo en la extraña caverna de Platón, pero al final, sospechando que aquello no tenía salida, hemos terminado por desmontarla. Hemos desatado a los atribulados prisioneros, hemos echado abajo el muro de los ‘porteadores’, que han soltado sus estúpidos cargamentos con alegría, luego hemos apagado la hoguera y un tramoyista ha encendido los focos. Es el momento de presentar a Descartes, y de decirles a todos que se vayan a casa, que aquí no hay nada que ver. El buen sentido es la cosa mejor repartida del mundo, desconfíen del filósofo-rey, ese guía iluminado, ese Duce, ese caudillo, ese Führer.

Me disponía yo hoy a ir a clase a derribar catedrales mal cimentadas con Descartes, pero al llegar al aula he descubierto que no contenía alumnos, como es la costumbre. Tras unos segundos durante los cuales he descartado mentalmente que fuera el día del libro o que me hubiera equivocado de hora, he observado que a mi alrededor reinaba el caos. Había niños descolgándose por las escaleras metálicas del lager (estamos en barracones desde hace varios años), un grupo de alumnos exaltados se abalanzaba sobre la salida de emergencias, papeleras por el suelo, la cafetería en ruinas y un frío que pelaba. En realidad todo esto no me habría extrañado de haber estado mis alumnos en clase pero, efectivamente, era una situación rara. Ese caos me ha recordado a la Guerra de los Treinta años que enfrentó a los países europeos durante gran parte de la vida de Descartes. De hecho éste, en su afán por conocer ‘cortes y ejércitos’, participó activamente en la guerra como soldado, probablemente encargado de problemas de ingeniería militar. Incluso estuvo presente en crueles batallas, como la de la Montaña Blanca, en la que perdieron la vida 7.000 almas en un día (los atentados del 11S se cobraron 3.000 víctimas mortales). A pesar de que tuvo que estar presente en matanzas de esta índole, Descartes no parece nunca demasiado afectado por ello; es más, según sus biógrafos, se mostraba hasta curioso por todo tipo de acontecimientos bélicos de los que esperaba adquirir grandes enseñanzas. Podemos afirmar que los descubrimientos más importantes de Descartes sucedieron bajo el estrépito de la guerra. De aquí no se sigue sin embargo que Descartes fuera amigo del bullicio, pues es el mismo filósofo que rehuye el enfrentamiento y la discusión estéril y que decide recluirse en Holanda, guardando celosamente el secreto de su paradero. En ese gran teatro del mundo Descartes no sólo avanzaba ‘enmascarado’, sino también meditabundo.

Al final alguien me ha aclarado que el origen del caos era un corte de suministro eléctrico que obligaba a suspender las clases  y a declarar un ‘recreo indefinido’ debido a que los aparatos de aire acondicionado no funcionaban. Sí que hacía frío: cuando aparqué el coche me marcaba unos 2º de temperatura exterior y las paredes metálicas del lager en el que damos clase no paran ni la corriente de aire. Despotrico un rato con el ‘esto-no-puede-ser’ de siempre y al final decido alterar mis deseos antes que a la fortuna y huyo al departamento.

Probablemente en el departamento hacía más frío que en la calle, pero me mantenía a salvo del jaleo. Me he imaginado al Descartes que meditaba en una habitación, junto a su estufa. Mi situación era algo distinta que la de la famosa escena cartesiana, porque me estaba pelado de frío. En cualquier caso he decidido aprovechar el tiempo continuando con la lectura de El cuaderno secreto de Descartes, del matemático Amir D. Aczel. Lo cierto es que el libro me está gustando, no tanto porque me descubra nada, sino por el enfoque. Hasta lo he recomendado a los alumnos. Especialmente refrescante es que el autor pasa casi de puntillas por los aspectos más ‘fiosóficos’ de la obra de Descartes y analiza con cierta atención, y con cartesiana claridad, los problemas matemáticos que le ocuparon y cuyas soluciones bastarían para garantizarle un par de artículos en la Wikipedia. Es curioso, me digo, que la figura de Descartes haya trascendido más como filósofo que como matemático. De hecho, cuando se habla de coordenadas ‘cartesianas’ muchos ni siquiera piensan en Descartes, a juzgar por la cara que ponen los alumnos cuando les dices que ‘cartesiano’ es de ‘Descartes’. Lo del análisis algebraico de la geometría es una idea tan eficaz que se da por sentada hasta el punto de que ni siquiera parece un descubrimiento importante, sino más bien una obviedad. Pienso que la filosofía de Descartes ha de ser verdaderamente potente para haber eclipsado sus otras aportaciones. Hay en el ‘cogito ergo sum’ una fuerza de atracción tan grande que nadie puede escapar: quizás pertenece al género de los agujeros negros.

De repente las paredes y el suelo del departamento retumban, se oyen golpes y gritos fuera, y al final risas infantiles. Algún compañero de guardia trata en vano de imponer cierto orden, pero en cambio hay carreras por los pasillos. Gracias a Descartes siempre tendremos un refugio al que acudir en estos casos: la soledad. Esa, creo, es la magnífica aportación de Descartes a la modernidad, la soledad del cogito. El Sócrates de Platón (nada sé del Sócrates ‘histórico’) siempre está en compañía y jamás rehuye una discusión. Tan amigo es Sócrates de la compañía, que incluso prefiere morir a la soledad. El método filosófico de Platón, puesto en boca de Sócrates, es esencialmente público. Los atenienses tienen -si me permiten la expresión, la guerra en la sangre; son conflictivos, agónicos. La dialéctica es un nuevo tipo de guerra. Ya no se enfrentan brazos contra brazos, sino ‘logos’ contra ‘logos’. Sócrates obliga a sus oponentes a decir, por reducción al absurdo, lo contrario de lo que creían al principio. Sin embargo, la victoria sobre el contrario es externa. El vencido se retira humillado, como el vencido en la guerra, mas no convencido: devolverá el golpe en cuanto pueda, quizás en forma de condena a muerte.

Descartes no lucha con nadie. El método de descartes rehuye todo enfrentamiento. Es el método de la soledad. El ‘cogito ergo sum’ no puede convencer a nadie, exceptuando al que lo pronuncia. La dialéctica de Platón es pública y externa, el cogito de Descartes es privado e interno. Descartes no pretende convencernos de su existencia, ni siquiera de la nuestra, eso sería absurdo. El ‘cogito’ en la boca de otro no me demuestra nada. Descartes me invita a que camine por donde él camina. El ‘cogito’ sólo hace patente la verdad al que lo piensa, no a los demás. Esa intimidad consigue hacernos asentir, pero no de una forma externa, como los argumentos de Sócrates, sino internamente. Descartes nos convence desde dentro, de un ‘cogitazo’. Esta es la gran aportación de Descartes.

Sé que ha vuelto la luz porque el aire acondicionado se pone en marcha, pero de momento sólo tira aire frío. Soy paciente y espero que se vaya calentando, pero eso no ocurre. Estoy leyendo el capítulo en que Descartes va por fin a la Corte de Cristina de Suecia. Descartes temía ese destino, pues consideraba que era “una tierra de osos, entre rocas y hielo”. Hizo bien en revisar su testamento antes de partir, pues allí encontraría la muerte. Probablemente una pulmonía, como la que estoy a punto de contraer yo, aunque algunos hablan de asesinato (toco madera). En Descartes todo es muy enrevesado. Yo ya no soporto el frío y decido que es mejor apagar el aire porque no hay forma de que salga caliente. Termino el capítulo y me voy a ver si han vuelto los alumnos. Pero no han vuelto. Mañana les daré un ‘cogitazo’.

Otros profesores de filosofía también han escrito sobre Descartes en sus blogs, espero que no hayan pasado frío:

En Boulé Miguel Santa Olalla escribió Descartes no se equivoca ¿nunca?

En Angelus Novus José Ángel Castaño Gracia escribió: La importancia del pensamiento cartesiano

Y también aquí publicamos algún post sobre Descartes en el pasado: Pedagogía cartesiana

La lógica y el demonio del fascismo

No deja de ser una buena noticia que el término ‘facha’ o ‘fascista’ se use como un recurrido insulto. Pero ese ‘facha’ no suele usarse más que como una palabra hiriente significando algo así como ‘hijoputa’. El verdadero fascismo es una actitud que se oculta en el fondo de nuestros corazones. Pocos se libran de dar cobijo en alguna ocasión a un demonio fascista. Para ilustrar lo que quiero decir déjenme que comparta con ustedes un cartelito que apareció en Leganés hace algunos meses:

Llama poderosamente la atención que se acuse al PP de fascista, entre otras cosas, por sostener que “el único valor que debe prevalecer sobre todos los demás (…) es el derecho a la propiedad y la libertad individual”. Suponiendo que el PP verdaderamente situara este valor sobre todos los demás, podría ser acusado de liberalismo clásico, pero no de fascismo. Lo que esto significa es que el autor del cartel ignora qué sea el fascismo, pues ya me dirán ustedes cómo se puede acusar de fascista a alguien por defender la libertad individual (¿se imaginan a Hitler defendiendo la libertad individual?). Pero lo que tiene delito es que, en este caso, quien acusa de fascista sin saber de qué habla es, él mismo, un fascista. Vean ustedes lo que se afirma en el segundo párrafo:

[…] tenemos la firme determinación de construir una sociedad sin clases explotadas, donde los medios de producción sean del pueblo y el estado planifique la economía en orden a satisfacer las necesidades de todas las personas, aunque esto moleste a banqueros, monarcas, fascistas, empresarios y socialdemócratas

Como dijo aquél, quiera la Virgen que no tengan poder. Si algo define al fascismo es, precisamente, la “firme determinación” de construir una sociedad perfecta y pura. La pureza de esa sociedad puede ser racial (racismo), nacional (nacionalismo), de clase (comunismo), etc. La construcción de esa sociedad perfecta debe combatir y eliminar el origen de toda impureza: elementos genéticos espúreos (judíos, negros, etc), lenguas extranjeras, o “banqueros, monarcas, fascistas, empresarios y socialdemócratas”. Mantener la pureza de la sociedad exige una vigilancia constante y que el estado lleve a cabo una planificación total, que será totalitaria, a fin de que no se cuele por ninguna rendijilla el germen de la impureza (un capitalista, un judío, un extranjero…). Así pues, si atendemos al verdadero significado del fascismo, quien verdaderamente es fascista aquí es el autor del cartel. Pero las cosas son algo más complejas…

Quizá la esencia del fascismo podría reducirse al triunfo de la voluntad sobre la razón. Toda actitud fascista parte de la aceptación de la siguiente inferencia:

Si x es deseable, entonces x debe ser obligatorio.

Hacer de lo deseable algo obligatorio, ahí tenemos la naturaleza íntima del fascismo: pasar del ‘yo quiero’ al ‘tú debes’ sin despeinarse. Esta es la razón por la que el fascismo triunfa, cuando triunfa, que en su origen no hay sino buena voluntad: un estado mejor, sin corrupción, un gobierno fuerte y justo, una sociedad sin pobreza ni injusticia, etc.

Lo que más sorprendió a la filósofa Hannah Arendt del nazi Adolf Eichmann es que, a pesar de los crímenes de los que era responsable, parecía una persona completamente normal, incluso buena gente. En efecto, la actitud fascista no surge en monstruos bíblicos, sino en gente normal que quiere lo mejor para los suyos. De hecho, esa actitud fascista se manifiesta la mayoría de las veces en cosas completamente banales y casi siempre muy aceptables por todos (toros, tabaco, etc)

Leyendo el último de Mendoza (Riña de gatos), tuve ocasión para reflexionar sobre nuestra situación política actual comparada con la que se vivía en España meses antes del estallido de la guerra. Lo que creo que tenemos en común es una profunda desconfianza hacia los poderes ‘políticos’, a los que se percibe como origen de nuestros problemas. Esa desconfianza, a mi juicio, es síntoma de buena salud. El problema es si la desconfianza se transforma en un irrealizable deseo de pureza. Pretender, en serio, unos gobernantes puros, virtuosos, justos, sabios y buenos es pretender un imposible metafísico que está a un paso del fascismo. Como defiende Gustavo Bueno en El Fundamentalismo Democrático, los regímenes políticos pertenecen al género de las cosas ‘corruptibles’ en el sentido en el que es corruptible una manzana. Tiene tanto sentido exigir a los políticos ‘pureza’ moral como exigirle a una manzana que no caduque. Por eso es necesario estar atento en un doble sentido: en primer lugar, la inevitabilidad de la corrupción no implica su justificación; debe ser denunciada. Pero en segundo lugar, tenemos que estar atentos a lo que ocurre en nuestro interior, puede que, sin darnos cuenta, estemos desatando a un demonio, el del fascismo. Y si el fascismo es el triunfo de la voluntad, debemos combatirlo con nuestra arma más poderosa: la lógica.

Apoyo a los profesores y maestros de Murcia

Desde Antes de las cenizas queremos manifestar nuestro completo apoyo a los profesores y maestros murcianos ante el atropello del que son víctimas. Nos sumamos a su reivindicación y emplazamos a aquellos de nuestros lectores que lo consideren conveniente a solidarizarse con su causa en sus propios blogs. Afortunadamente algunos profesores murcianos  ya se están movilizando, y desde aquí les enviamos ánimos y les deseamos suerte:

¿Lo vamos a permitir?

Carta a un profesor de la Región de Murcia

Cuando las barbas de tu vecino veas pelar…

Soplo de conocimiento

175 del ala

¿Lo vamos a permitir?

Leo con amargura y estupor que los profesores y maestros de la Comunidad de Murcia verán reducido su sueldo en 75 euros a partir de enero. (MENEA LA NOTICIA)Tras el recorte estatal, las réplicas autonómicas. Y que nadie suspire aliviado ni se compadezca de los murcianos: usted tampoco se librará. Aceptamos, en su momento, el recorte de Zapatero con estoicismo y apretando los dientes, conscientes de que, sin tener culpa, no nos quedaba otro remedio y jurando -al menos en mi caso- no olvidar la torpeza del gobierno en las próximas elecciones. Fue injusto que pagáramos nosotros los platos rotos, pero es que lo que se nos avecina a los profesores y maestros supera el concepto de injusticia y se instala ya en el reino de la grosería, la burla, el escarnio, la tomadura de pelo, el abuso y la pornografía política. Se publicaba este fin de semana en El Mundo una lista de los derroches más sangrantes de las comunidades autónomas. Han regalado el dinero a caraduras, timadores y ‘espabilaos’ de la peor calaña y de todos los partidos: lo han tirado a la basura. Ahí tenemos aeropuertos sin aviones, carreras de coches, altos cargos tan bien pagados como inútiles, televisiones con presupuestos multimillonarios con una programación penosa (niños que cantan, animales simpáticos, propaganda…), y tantas otras inefables ‘inversiones’ ¿Acaso pertenece el sueldo de los profesores a esas partidas inútiles y faraónicas que hay que reducir? ¿En tan poca estima nos vamos a tener? ¿En tan poco nos tienen los políticos y la sociedad? Nuestro trabajo es fundamental: la sociedad del futuro depende de nosotros. No somos los beneficiarios de ningún ‘chollo’, somos una pieza central del Estado, si es que estamos en un Estado moderno y no en una tribu amazónica. Es hora de decir ‘esta boca es mía’. Olviden que pertenecen a una comunidad o a otra. Olviden su carnet del PP o del PSOE, olviden a los sindicatos y defiendan su profesión, que es también defender el futuro del país. Para empezar, les propondré una serie de puntos que considero imprescindibles para evitar más atropellos, pero como en el fondo soy pesimista, terminaré con una serie de acciones que creo que habrá que llevar a cabo si se salen con la suya.

CÓMO IMPEDIR QUE NOS VUELVAN A BAJAR EL SUELDO LAS COMUNIDADES AUTÓNOMAS

1. Debemos tomar consciencia colectiva, y reaccionar todos cuando en una comunidad se ataque a una parte.

2. Para eso no necesitamos a los sindicatos. No estamos defendiendo a una clase social, sino nuestra profesión. Los sindicatos ni siquiera son necesarios como elemento aglutinador. A través de internet podemos organizarnos de una forma mucho más eficaz, como lo han hecho, por ejemplo, los críticos de la finalmente frustrada ‘Ley Sinde’. Es necesaria una plataforma en internet desde la que actuar. Yo propongo Deseducativos. Aunque probablemente sería interesante crear una de nueva planta con este propósito específico.

3. Necesitamos un colegio profesional, como lo tienen los médicos, los abogados o los peritos industriales.

4. Habrá que salir a la calle.

5. Desconfíen de los partidos políticos, incluso del ’suyo’. No se le debe presuponer a ningún político cualidades especialmente nobles. Eso lo sabía Maquiavelo y nosotros no debemos olvidarlo.

QUÉ HACER CUANDO NOS VUELVAN A BAJAR EL SUELDO

En el más que probable caso de que seamos tan torpes como para dejar que se burlen de nosotros, sólo nos queda una cosa: la acción individual. Todo lo que yo propongo se reduce a una única premisa: si nos bajan el sueldo de nuevo, dejemos de trabajar GRATIS. Probablemente somos el colectivo más dispuesto a trabajar sin cobrar, no sé si es voluntarismo, masoquismo, estupidez o culpabilidad, pero trabajamos gratis. Si además nos bajan el sueldo, deberíamos, al menos, dejar de hacer todas esas cosas A LAS QUE NO ESTAMOS OBLIGADOS y que NO NOS SON EN ABSOLUTO RECONOCIDAS. En este sentido propongo:

1. Dejar de realizar actividades extraescolares. Suponen horas extras que no sólo no cobramos, sino que, tan sacrificados como somos, ni nos atreveríamos a reclamar. Y no sólo son horas, suponen asumir una serie de responsabilidades y tomarse una serie de molestias que valen mucho más que los 175 euros que van a quitarles a los murcianos (pero luego vendrán los valencianos, los madrileños, los andaluces …).

2. Dejar de atender a padres fuera del horario de atención a padres. Probablemente somos los únicos funcionarios dispuestos a atender al público fuera de horas de trabajo. Pues se acabó.

3. Dedicar a la preparación de las clases sólo el tiempo previsto para ello en el horario. Personalmente, y creo que no soy una excepción, dedico a la preparación de las clases no dos, sino diez veces más tiempo que el previsto por la administración. Eso significa que trabajamos gratis. Dediquen a las clases lo previsto. Si los exámenes tardan más en corregirse, pues que tarden. Si las libretas tardan en devolverse, pues que esperen. Dediquen ese tiempo recuperado a leer la novela que nunca empezaron, a aprender idiomas, estudien otra carrera, investiguen en su disciplina, pero que las clases no les roben ni un minuto de su vida privada.

4. Restrinjan la acción tutorial a lo estrictamente obligatorio. Nada de ser ‘papás’ o ‘mamás’.

5. No acepten ser tutores del nuevo máster de secundaria (se cobra, pero una cantidad ridícula)

6. No suspendan a quien debe aprobar ni aprueben a quien debe suspender.

7. Limiten sus intervenciones en la evaluación a corregir posibles errores en la nota.

8. Utilicen sólo los recursos disponibles en el aula. Se acabó utilizar el propio ordenador, arrastrar carritos, peregrinar por el centro, utilizar libros, películas, revistas, etc. de nuestra colección particular. Si hace falta algo que lo compre la administración, y si no, pues a otra cosa.

9. Nada de participar en ningún tipo de proyecto de innovación educativa, ni de enseñanza en valores, ni ‘días de’ gratuitamente. Cuando pidan voluntarios para cualquier cosa (y se hace a menudo), pregunten cuánto van a cobrar por ello. No teman parecer egoístas, recuerden que les han bajado el sueldo y que la hipoteca, los alimentos y los servicios siguen costando dinero. Ustedes no van al centro de misiones, sino a trabajar a cambio de una remuneración económica.

10. No realicen exámenes fuera del horario de clase, ni organicen refuerzos ni nada que no esté expresamente reconocido en su horario.

En definitiva: dejemos de hacer el primo.

 

http://profescontraelrecorte.com

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