¿Qué significa sostenible?

Desde hace algunos años se ha puesto de moda el concepto de ‘sostenible’. Yo empecé a escucharlo en la Universidad, a finales de los noventa. Desde entonces todo es sostenible. El meme en cuestión goza de buena salud y  no sólo no necesita ser justificado, sino que sirve para justificar inmediatamente cualquier cosa. He de confesar que no tengo muy claro qué significa, supongo que habrá quien, vía comentarios, pueda ilustrarme.

La cuestión es que leyendo hoy un interesante reportaje de El País me he encontrado con una acepción del término que no se me había ocurrido hasta ahora. El fragmento que ha venido a iluminarme contiene unas declaraciones de la Ministra Salgado ante la pregunta del periodista estadounidense Phil Bennett:

Salgado dice que el Gobierno cree, como proclamó Zapatero el año pasado, que la salida de la crisis «será social, o no será». Al preguntarle si el gasto social actual es sostenible, contesta, con brevedad, que «es sostenible porque según nuestras prioridades lo hemos puesto en el máximo lugar».

O sea, que ‘sostenible’ significa que lo van a sostener, sí o sí. ¿Será la ‘sostenibilidad’ el refugio de los tiranos?

La mollera al sol

“El pensamiento filosófico es similar a un juego de ajedrez vivo o difuso con figuras camaleónicas. Los conceptos de la filosofía se asemejan a las figuras del ajedrez moviéndose en el espacio lógico. Pero así como las figuras del ajedrez son funciones determinadas de manera fija y explícita -conocemos sus movimientos posibles sin excepción-, en el juego del pensamiento desconocemos la potencia total de sus figuras –conceptos e ideas- cuyos movimientos posibles nos son sólo conocidos en parte y en otra gran parte están por descubrir. Esto tiene sus consecuencias: en el ajedrez siempre podemos decir si una jugada es válida o no lo es; si estamos jugando al ajedrez o estamos haciendo otra cosa que ya no es ajedrez, por ejemplo si muevo un alfil en espiral o un caballo en diagonal. Esto no es tan fácil en filosofía, pues las ideas son grandes desconocidas –auténticos icebergs en el agitado mar del pensamiento- y no tenemos otra sujeción que la de la lógica –esto de por sí no es gran cosa, y, vamos , es ya la pura nada si además defendemos una lógica dialéctica o “alguna de las polivalentes” …-, de tal manera que en filosofía –como ocurre en las artes, incluidas la cocina y la medicina, y en la vida- más de una vez nos sentimos incapaces de distinguir el sinsentido y la tomadura de pelo de lo valioso y del rigor. Y, sin embargo, esta distinción debe ser posible al menos como postulado. El postulado de que no es lo mismo la batuta de Mozart que el cencerro de una oveja.”

Me decía a mí mismo mientras encañaba las tomateras.

El mangoneo

Siempre he tenido la sensación de que en la educación se despilfarra el dinero. He asistido a cursillos verdaderamente circenses financiados con los impuestos de todos, y he dejado de asistir -por dignidad- a otros tantos (desde la papiroflexia hasta la danzaterapia). Vemos cómo se compra material de dudosa utilidad, cuando no manifiestamente obsoleto como ordenadores de esos que llevan el ‘lliurex’ o las lamentables pizarras digitales. Me pregunto a veces si no habrá un ‘Bigotes’ por ahí enriqueciéndose. Hoy, sin ir más lejos, no he podido evitar tomar una foto de este cartel, colgado en el ‘Hall’ de los barracones de mi instituto:

Es de la Conselleria de Sanitat pero las mismas chorradas vemos en educación (fomento de la lectura, campañas contra, campañas a favor, día de, esto y aquéllo). ¿Qué entienden ustedes? ¿Es posible que se trate de una campaña para que no le echemos el humo a la cara a las chicas?Al principio creí que se trataba de algo contra la trata de blancas, pero lo del día sin tabaco no deja lugar a dudas.

Uno de los derroches más sangrantes y que más me estremecen es ver cómo todo un licenciado tiene que ‘atender educativamente’ a un puñado de ‘alternativos a la religión’. Y lo peor es que tiene usted a un licenciado en matemáticas, en lengua, en filosofía, o en lo que sea, haciendo nada, pero nada nada. Temo hasta quejarme de esto porque me imagino que la respuesta de la administración pueda ser que en realidad lo que sobra es el licenciado. En realidad lo que sobran son horas en las que no se hace nada ni se aprende nada y no me refiero sólo a la asignatura de ‘religión’.

El caso es que a uno se le hinchan las narices cuando ve que le recortan el sueldo (y ya veremos si algo más) y luego se gastan una pasta en cursos de globoflexia. Por eso no puedo dejar de enlazar el siguiente video que, acertado o no (ustedes dirán) merece, cuanto menos, cierta consideración:

Vía Deseducativos

Nietzsche como ‘deseducador’

Ante las malas noticias no hay como buscar consuelo en los clásicos. Lamentablemente en este caso tampoco parece que podamos encontrarlo, qué le vamos a hacer:

Al sistema entero de educación superior en Alemania se la he ido de las manos lo principal: tanto la finalidad_ como los medios de lograrla. Se ha olvidado que la educación, la formación misma –y no el Reich- es la finalidad, que para lograr esa finalidad son precisos educadores –y no profesores de Instituto y doctos de Universidad… Hay necesidad de educadores que estén educados ellos mismos, de espíritus superiores, aristocráticos, probados en cada instante, probados por la palabra y el silencio, culturas que se hayan vuelto maduras, dulces, no los doctos zopencos que los Institutos y la Universidad ofrecen hoy a la juventud como «nodrizas superiores». Faltan, descontadas las excepciones de las excepciones, los educadores, primera condición previa de la educación: de ahí la decadencia de la cultura alemana. –Una de esas rarísimas excepciones es mi venerado amigo Jakob Burckhardt de Basilea: a él en primer lugar debe Basilea su primacía humanística. –Lo que las «escuelas superiores» de Alemania logran de hecho es un adiestramiento brutal para hacer utilizable, aprovechable para el servicio del Estado, con la menor pérdida posible de tiempo, un gran número de jóvenes. «Educación superior» y gran número –son cosas que de antemano se contradicen. Toda educación superior pertenece sólo a la excepción: hay que ser privilegiado para tener derecho a un privilegio tan alto. Ninguna de las cosas grandes, ninguna de las cosas bellas, puede ser jamás bien común: pulchrum est paucorum hominum [lo bello es cosa de pocos hombres].- ¿Qué es lo que condiciona la decadencia de la cultura alemana? El hecho de ue la «educación superior» no sea ya un privilegio –el democratismo de la «cultura general», la cual se ha vuelto común… Sin olvidar que los privilegios militares imponen formalmente una concurrencia excesiva a las escuelas superiores, es decir, su ruina. –Nadie es ya libre, en la Alemania de ahora, de dar a sus hijos una educación aristocrática: nuestras escuelas «superiores», todas ellas, están organizadas para la mediocridad más ambigua, en sus maestros, en sus planes de enseñanza, en las metas de su enseñanza. Y en todas partes reina una prisa indecorosa, como si se llegase tarde a algo si el joven de veintitrés años no ha «acabado» ya, no conoce todavía la respuesta a la «pregunta principal»: ¿qué profesión? – Una especie superior de hombre, permítaseme decirlo, no ama las «profesiones», precisamente porque se sabe con una vocación… Tiene tiempo, no piensa en absoluto en haber «acabado», -a los treinta años se es, en el sentido de una cultura elevada, un principiante, un niño. –Nuestros Institutos repletos, nuestros profesores de Institutos sobrecargados, convertidos en unos estúpidos, son un escándalo: para tomar la defensa de esas situaciones, como acaban de hacerlo los catedráticos de Heidelberg, acaso se tengan causas, – pero no hay razones.

F. Nietzsche: El crepúsculo de los ídolos

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