El mundo no desaparece cuando cierras los ojos, ¿verdad?

Aprovecho uno de mis escasos momentos de “lucidez” para escribir en el blog. Parece ser que la inspiración sólo me acompaña en los días lluviosos, o quizá sea el tiempo libre el que abunda en dichos días. En fin, sin más dilación paso a hablar del motivo de la entrada.

Hace unos días vi una película que me llamó la atención. Cierto es que me gustó a la par que me inquietó; y es que su trama es un tanto confusa y deja bastante a la imaginación. Es por eso que decido hablar de ella en el blog; si su trama no diese lugar a distintas interpretaciones no podría dar lugar a un debate, que es lo que personalmente más me agrada.

La película en cuestión es Memento, de Christopher Nolan. Relmente consiguió captar mi atención y me dio que pensar, y es que, como alguien me dijo una vez, “las buenas obras siempre tienen algo que decir”. No se si fueron esas exactamente las palabras, pero lo que sí sé es que pude ver ese enunciado reflejado en esta película. Quizá no tanto por buena sino por confusa, creo que esta película tiene muchas cosas que decir.

Creo que se trata de una película recomendable, aquí os dejo un tráiler. Poco se pierde por verla y, en mi opinión, mucho se puede ganar (entre ello comentar la película en esta entrada).

Aristoteliano

P.S.: Si pincháis en leer más podréis leer mi opinión personal, pero desvela parte del argumento.


Bien, pese a lo arriesgado de intentar dar forma a la verdad que esta película puede esconder, diría que en realidad el protagonista, Leonard, rechaza los recuerdos.

En mi opinión, el protagonista esconde su historia real debajo de ese, posiblemente falso, Sammy Jankis. Creo que el protagonista crea ese John G. para tener alguna motivación en la vida, algo que le lleve a despertarse cada mañana.

Y es que la vida de Leonard se desmorona cuando su mujer muere, no me aventuraré tampoco a afirmar en manos de quien (aunque creo que es el propio Leonard el que la mata). El vacío que su mujer ha dejado debe ser llenado. El motor de su vida, el eje de su realidad ha desaparecido y Leonard se siente más desorientado que nunca.

Resulta triste, pero creo que, como dice el protagonista, “cuando quieres aparentar algo, simplemente lo finges”.

Encuentro algunos paralelismos entre la película y la vida. Realmente nuestra vida se basa en unas metas, en unas aspiraciones y objetivos. Pero, ¿qué pasa si esos objetivos desaparecen? ¿Qué pasa si aquello que nos motivaba a soportar el día a día deja de existir o nos es arrebatado? Quizá nuestro instinto de supervivencia nos lleva a crear falsas metas, falsas motivaciones. Quizá no queremos darnos cuenta de lo absurdo y frágil que resulta en ocasiones aquello que sostiene nuestra vida.

Quizá resida en nosotros algún impulso irracional que nos lleve a vivir, que nos lleve a sostener nuestra vida en ciegas causas o a vivir engañándos.

Relmente esta película me ha dado mucho que pensar. Espero que hayáis disfrutado con ella como yo lo hice.

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Análisis lógico de la esencia del Nihilismo.


El nihilismo es, en lo esencial, la creencia según la cual todo se acaba, se consume, se reduce finalmente a nada.

Esto tiene como presupuesto que todo se forma, se hace, se crea, primeramente a partir de nada. De lo contrario habría un pasado que no se acabaría nunca y haría imposible el presente, al suponer éste la regresión al infinito. Y si todo nace y muere, se crea y se destruye, entonces todo es temporal, nada es eternamente. Todo tiene una determinada duración en la que aparece y desaparece, siendo esta apariencia toda su realidad. Todo es fenómeno, nada es sustancial.

Para el nihilista, pues, nada es la sustancia, el sustrato permanente y eterno de todo, aquello de donde todo sale y va a parar, y por tanto, nada es atributo, nada se sustenta de la sustancia. Todo surge de nada, es decir, todo surge de sí mismo como absoluta imagen que sobre nada se proyecta. Nada es, pues, sustancia; nada determina los atributos. Todo es lo que se muestra, lo que ocurre, y en última instancia se muestra en sí mismo y para sí mismo, es decir, en nada y para nada; todo es porque sí, todo es como es; sin carencias, ni defectos, ni faltas. Todo es absolutamente fáctico, facticidad que excluye la responsabilidad; de todo nada responde.

Más aún, el nihilismo implica que todo no es sólo fenómeno, sino un fenómeno absurdo, y por tanto, irreal. En efecto, si todo surgiera de nada, de sí mismo, nada lo agotaría, nada lo consumiría, y sería eterno, perfecto y dichoso. Además, todo no puede surgir de sí mismo, porque entonces sería él mismo antes de nacer. Ni tampoco de la nada, porque “de donde no hay no se puede sacar”.

Finalmente, la concepción nihilista de todo como siendo un tiempo y no siendo una eternidad –como no siendo pero pareciendo ser- implica ,por absurda, que el ser y el porqué –sentido, significado, razón, “logos”- de todo son absolutamente trascendentes. Todo -fenómeno temporal- como no tiene su ser, su razón de ser, en él mismo, ni en nada, ha de tener el ser en algo “otro”, separado, diferente, que ha de tener el ser en sí mismo, que es por tanto eterno, perfecto, pleno de dicha y sentido que, no obstante, no se muestra, no se expone, sino que se oculta, se supone. El ocultamiento de este ser en sí imposibilita determinar cómo otorga su ser a todo, por qué lo crea y lo destruye, cómo lo sustenta; y asemeja todo a nada al “permanecer fuera” (éxtasis) de ambos. Pero nada es sin sentido; todo, un misterio. Todo depende, todo tiene necesidad del ser y del sentido del que se sustenta y que la razón humana no puede descubrir. Nada no.

Así, el nihilismo en cuanto afirma la nada de todo, también de la razón (Vanidad de vanidades. Todo es vanidad), prepara el camino al misticismo –creencia según la cual el ser en sí (el que es) se nos revela en una experiencia extática- y a su vez es reforzado por él: el misterio se diluye en éxtasis y la experiencia de la nada surge ante una razón fracasada en la búsqueda del ser en sí, de la inteligibilidad, bondad, felicidad.

Juan José Bayarri.

 

Somos el tiempo. Somos la famosa
parábola de Heráclito el Oscuro.
Somos el agua , no el diamante duro,
la que se pierde, no la que reposa.
Somos el río y somos aquel griego
que se mira en el río. Su reflejo
cambia en el agua del cambiante espejo,
en el cristal que cambia como el fuego.
Somos el vano río prefijado,
rumbo a su mar. La sombra lo ha cercado.
Todo nos dijo adiós, todo se aleja.
La memoria no acuña su moneda.
Y sin embargo hay algo que se queda
y sin embargo hay algo que se queja.

Jorge Luis Borges.

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