Como es sabido, la LOGSE introdujo una serie de dogmas en el sistema educativo entre los que brilla, por su inutilidad, la llamada ‘atención a la diversidad’, siendo una de sus expresiones más inicuas la proliferación de asignaturas optativas. Esto no mejoró el sistema; más bien al contrario, fomentó el mercadeo entre departamentos, el abaratamiento de las notas y otras tropelías en las que mejor no entrar.
Lo más frecuente es que el Departamento de Filosofía imparta, además de las asignaturas troncales, las optativas de Psicología (Psicopedagogía en la Comunidad Valenciana…) y Sociología. Algunos suertudos imparten Antropología y, cuentan los más viejos –yo no lo he visto-, hay quien ha conseguido, incluso, dar Filosofía de la Ciencia.
Al margen de la ocurrencia valenciana de convertir la Psicología en Psicopedagogía, esas asignaturas optativas no constituyen, en sí mismas, una amenaza a la Filosofía. Al contrario, Psicología, Sociología y Antropología son disciplinas muy apreciadas por los filósofos aunque, mucho me temo, el aprecio no siempre es mutuo. De hecho, no es posible impartir un curso introductorio a la filosofía mínimamente completo, sin tratar cuestiones psicológicas, sociológicas y antropológicas. Asimismo, muy pobre quedaría un curso de Psicología, Sociología o Antropología sin referencias filosóficas; sería algo así como Ciencias para el Mundo Contemporáneo o examinarse de las preguntas del Trivial.
La razón por la que estas optativas ocupan un lugar en esta lista se entenderá enseguida. Este año imparto en primero de bachillerato Psicopedagogía (no tiene gracia) y Filosofía y Ciudadanía. La optativa cuenta con cuatro horas a la semana y la Filosofía con dos, exactamente la mitad. Para mis alumnos soy ‘el de Psicopedagogia’ y accidentalmente les doy Filosofía. En segundo de Bachiller la cosa es semejante. La Filosofía tiene tres horas semanales y la Sociología cuatro. Poca gente entiende cómo es posible que la asignatura que cuenta con menos horas sea la que vaya a selectividad. Aunque no me quejaré mucho porque lo más seguro es que si menten mano ahí, no lo harán, precisamente, para favorecer a la Filosofía.
La amenaza que se cierne sobre la Filosofía consiste en que estas optativas son un caballo de Troya. Nos las dan como un regalo, para que tengamos horas, pero en cuanto nos descuidemos, empezarán a salir de ahí psicólogos, sociólogos y si me apuras, psicopedagogos, hasta que del Departamento de Filosofía no quede ni el nombre. Y la cosa, menos.
Ya hay por ahí, para los incrédulos, la amenaza de eliminarlo e integrarnos en no sé qué Departamento de Ciencias Sociales.
Si el PSOE es el enemigo número uno de la Filosofía en España, el número dos es uno de sus engendros: la nueva asignatura de primero de bachillerato: Ciencias para el mundo contemporáneo (CMC), de la que ya hablamos hace tiempo por aquí.
No caeré aquí en la tentación de afirmar que la existencia de esta asignatura es una amenaza para la filosofía porque por su culpa hemos perdido una hora los de filosofía (y algunos hasta el empleo, pero supongo que lamentarme por ellos puede sonar a ‘basura corporativista’). Si se perdieran horas de filosofía pero, en su lugar, los alumnos dieran más física, más matemáticas o más biología, seguiría pensando que es lamentable perder horas de filosofía, pero celebraría que los alumnos estudiaran más física, más matemáticas o más biología. Sin embargo, en este caso, a la pérdida de horas de filosofía se añade la introducción de una asignatura antifilosófica, cuya docencia no aportará nada (bueno) a los alumnos. En realidad cuanta más ciencia sepan los chavales, mejor y más completa será su formación filosófica, y viceversa. Por el contrario, esta asignatura de CMC empeora tanto la formación científica como la formación filosófica del alumnado. Las razones por las que afirmo esto son dos. Trataré de ser breve.
1)La asignatura de CMC se ocupa de temas filosóficos con un absoluto desprecio por la filosofía. En efecto, según el curriculum de la asignatura, en ella se tratarán temas que resultan ser clásicos de la filosofía como el problema del criterio de demarcación, la naturaleza de la ciencia, la distinción entre opinión y ciencia… incluso se llega a reconocer como un objetivo de la asignatura la “superación de las visiones simplistas sobre la ciencia”. Esto último tiene guasa porque en otro lugar el currículum exige que los alumnos “en sus argumentaciones, deben distinguir datos, evidencias y opiniones”. Precisamente la superación de la visión simplista sobre la ciencia, que es uno de los mayores logros FILOSÓFICOS del siglo XX supone el reconocimiento de que esa distinción entre ‘datos, evidencias y opiniones’ no es tan clara como la visión simplista de la ciencia (¡positivismo!) creía. También se tratarán en esta asignatura cuestiones de ética, de bioética e incluso de política cuyo análisis no se entiende si no es en el marco de una seria reflexión filosófica. En fin, que aunque los licenciados en filosofía tenemos una hora menos para enseñar filosofía, los profesores de CMC tienen dos horas para parlotear sobre filosofía. Todo un logro. Y conste que no tengo nada contra los profesores de CMC, más bien al contrario, me temo que son víctimas, más que verdugos.
2) La asignatura de CMC impide el desarrollo de un verdadero espíritu científico, y ello por dos razones. En primer lugar, porque es una asignatura divulgativa y esto no me lo invento yo, sino que en el mismo curriculum se reconoce que al impartirse tanto a alumnos de ‘letras’ como de ‘ciencias’, “el enfoque debe huir de una ciencia academicista y formalista”. Al principio de su Conferencia sobre ética, Wittgenstein afirma que la divulgación científica consiste en
“hacerles creer que entienden algo que realmente no entienden y satisfacer así lo que considero uno de los más bajos deseos de la gente moderna, es decir, la curiosidad superficial acerca de los últimos descubrimientos de la ciencia”
Esto mismo vale para la asignatura de CMC, que renunciando a ese enfoque ‘academicista y formalista’ pretende hacer creer a los alumnos que entienden lo que realmente no entienden. Así no se consigue una verdadera ‘cultura científica’, sino la apariencia de la misma. En filosofía nos esforzamos en que los alumnos se den cuenta de que no entienden lo que creen entender, por ello la naturaleza divulgativa de CMC es esencialmente antifilosófica (y anticientífica). En segundo lugar, este engendro de divulgación científica de pacotilla no consigue tampoco la formación de un verdadero espíritu científico porque ella misma es profundamente contraria a la actitud más genuinamente científica al confundir lo valorativo con lo objetivo. Según Bertrand Russell:
“La actitud del espíritu del científico supone una eliminación de cualquier deseo en interés del deseo de saber: supone la supresión de las esperanzas y temores, los amores y los odios, y toda la vida subjetiva emocional, hasta que quedamos sometidos a lo material, capaces de verlo abiertamente, sin concepciones previas, sin prejuicios, sin más deseo que el de verlo tal como es, y sin creer que lo que es debe estar determinado por alguna relación, positiva o negativa, con lo que quisiéramos que fuera, o con lo que podemos imaginar fácilmente que es.” (B. Russell: ‘El lugar de la ciencia en una educación liberal’, en Misticismo y lógica)
Uno de los contenidos comunes de CMC, según el currículum oficial, es “la asunción de los valores medioambientales, así como la disposición favorable y prioritaria para actuar a favor del desarrollo sostenible”. Como comprenderán no entro a valorar si estos ‘valores medioambientales’ o la ‘disposición a actuar a favor del desarrollo sostenible’ son buenos o malos. De lo que no cabe duda es de que su asunción es exactamente lo contrario de lo que Russell y cualquiera mínimamente formado en ciencia, entiende por una actitud científica. Esos valores son más propios de un becario de la fundación IDEAS que de un científico qua científico.
En definitiva, CMC constituye un auténtico ataque a la filosofía en la medida en que es también un ataque a la actitud propiamente científica, en aras de una monserga con más de ‘mundo contemporáneo’ que de ‘Ciencias’.
Nada como un poco de mala sangre para empezar el curso. Inicio aquí una serie de posts que titularé ‘los enemigos de la filosofía’. A los que estamos en esto hace ya tiempo que tememos por el futuro de nuestra asignatura. Sin embargo no debería haber ninguna razón para ello. En cualquier biblioteca hay algún estante dedicado a la filosofía; toda librería que se precie tiene su sección de filosofía; las mejores editoriales publican obras de filosofía… Está claro que hay a quien no le gusta la filosofía, o eso dicen, pero no hay ningún clamor popular contra la filosofía, como sí lo hay contra la educación para la ciudadanía o la religión. En principio uno diría que la presencia de la filosofía en cualquier programa de estudios medios o superiores se da por sentada, como la presencia de la gramática, la historia o las matemáticas. Y sin embargo los del gremio tememos por la asignatura y vemos cómo se va perdiendo… se muere, pero no muere de agotamiento, la están matando. Mi propósito en estos posts será identificar a los asesinos. Y el primero y más feroz de todos ellos es el PSOE.
No crean que poner al PSOE de Zapatero como enemigo número uno de la Filosofía es una exageración apocalíptica more Intereconomía. Ojalá fuera paranoia lo que en realidad se revela como delirio persecutorio de los responsables de educación del llamado partido socialista. Aunque no descarto que el socialismo sea esencialmente enemigo de la filosofía me limito a constatar un hecho: se la están cargando. Lo más reciente es la pérdida de una hora en la Filosofía de primero de Bachillerato que, en aquellas comunidades en las que no se ha mantenido (como la Comunidad Valenciana), supone reducir la asignatura a la nada, porque ustedes me dirán si se puede hacer algo serio con dos horas a la semana. Además, la ‘ciudadanización’ de la filosofía (ahora se llama ‘Filosofía y Ciudadanía’) supone intoxicar la reflexión filosófica con el dogmatismo fundamentalista de nuestros gobernantes. No son ciudadanos críticos lo que quieren conseguir (aunque lo digan todo el rato), sino pedrozerolos pancarteros y airadas leirepajines. Pero antes de esto hubo otros ataques como cuando convirtieron a la filosofía en una remota optativa que, aunque fue recuperada como troncal por el PP (que por cierto también ocupan un lugar en esta lista de enemigos de la filosofía), ya no volvió a ser lo que era: ahora en selectividad los alumnos pueden no examinarse de Filosofía, antes de la LOGSE eso no era posible. No quiero extenderme, pero la última reforma de la selectividad y el llamado Proceso de Bolonia tampoco son muy respetuosos con la filosofía (ni con los filósofos), pero ya hablaremos de ello. En fin, dejemos esto.
A nadie se le escapa que cada vez que el PSOE ha tocado la filosofía, la ha dejado peor. O con menos horas, o con menos presencia académica, o pervirtiendo su curriculum. Hoy en la primera clase de filosofía (y ciudadanía) de primero de Bachillerato, algún alumno abominaba de la asignatura. He tenido la tentación de decirle que convenza a sus padres para que voten al PSOE otra vez. De esa forma a lo mejor no tiene ni que estudiarla en segundo.
En la Comunidad Valenciana los responsables de educación declaran constantemente la importancia del aprendizaje y dominio de idiomas extranjeros : mostraron gran interés en que alguna asignatura (la EpC) se impartiese en inglés o en forma bilingüe, la cosa no funcionó pues ni el nivel del alumnado de segundo de ESO era el indicado para seguir clases acerca de nociones políticas en inglés, ni tampoco era fácil encontrar profesorado de especialidad no lingüística con un dominio del inglés conveniente como para expresar los contenidos propios de su área. Además para algunos –malpensados ellos- el interés por la lengua extranjera no era tal, sino un mal disimulado interés espúreo ( a mí también me gusta utilizar esta palabra) por torpedear la citada materia –la cual, obiter dictum, se las trae también para justificarse, pero de ello hemos tratado otras veces, y no es el tema que nos ocupa-. Volvamos a nuestros idiomas, también se habló desde la instancias educativas oficiales de proyectos de centros bilingües, e incluso de llevar a la escuelas el chino mandarín. Parece que para nuestros políticos aquello del orgulloso aislamiento hispano es cosa de otros tiempos sombríos, ya superados.
Pero, ay, llega el momento de las matriculas de la Escuelas Oficiales de Idiomas, y nos encontramos con sorpresas: se reducen drásticamente los grupos ofertados para el curso próximo. Quien esto escribe ya tuvo experiencia del tema en el curso pasado; llegadas estas fechas hubo de remitir una solicitud-queja por escrito acompañada por las firmas de los interesados, que tras haber cursado y superado el curso de 1º de intermedio de alemán veíamos que se nos impedía acceder al curso 2º de Intermedio de alemán y con ello a la certificación. Esto de la queja-solicitud parece que se ha institucionalizado como un clásico estival, pues alumnos de la misma escuela ven como ahora se les impide acceder al 1º de Intermedio. Y a un servidor, que cambió de escuela con la esperanza de poder completar los cursos sin los sobresaltos y la incertidumbre de estos meses de julio, le viene a suceder ahora que suprimen el curso de 1º de Avanzado, tanto de alemán como de francés, creando un feo agujero en la continuidad formativa del alumno que parece amenazar mortalmente a estas secciones de la escuela, (de valencià no se contempla ningún curso de avanzado). Así que ya nos vemos escribiendo nuevamente cartas-queja acompañadas de firmas y quizá obligados a cambiar otra vez de escuela… si es que en un radio de 40 o 50 km podemos encontrar algún hueco. Decían en el siglo XIX que escribir en España era llorar; algo de eso se conserva en el XXI, pues parece que para estudiar idiomas en España hay que acostumbrarse a escribir llorando y a llorar escribiendo.
Ya se imaginan ustedes la razón que se esgrime para tales mutilaciones: “señores, estamos en crisis”. Por lo visto nuestros líderes esperan salir de la crisis dificultando y empeorando la formación del ciudadano –asociación de palabras que tanto les gusta articular-.
O sea lo de siempre. Y lo del mandarín un cuento chino.