NEUROCIENCIA ¡QUÉ PASADA DE CIENCIA! 2ªParte: ¿Somos realmente libres?

Viene del post anterior

En la cuarta conferencia, titulada “¿Somos realmente libres?”, se dice que recientes experimentos científicos demuestran que la libertad no existe, que la sensación de libertad es una ficción cerebral: se ha comprobado que 555 milisegundos antes de que un sujeto realice un movimiento por decisión propia, la corteza prefrontal, correlato cerebral de la consciencia, emite una onda, y esta onda precede incluso a la verbalización que el sujeto realice de la decisión que inmediatamente vaya a tomar.

Así se quiere demostrar que nuestras propias decisiones no son libres, sino que están tomadas por el cerebro antes de que tengamos conciencia de ellas. Sin embargo, lo que se demuestra a lo sumo es que existe una consciencia pre-motora y pre-verbal, pues la onda se emite desde el correlato cerebral de la consciencia. Para demostrar que ésta se encuentra predeterminada habría de examinarse las causas de tal emisión. Pero se guarda silencio al respecto.

Y seguidamente se interpreta la abundancia de conexiones entre la corteza prefrontal y el sistema límbico, o cerebro emocional, correlato de la emotividad, así como el hecho de que la toma de decisiones implique que la corteza prefrontal ejecute una “consulta inconsciente” del sistema límbico cuando recibimos estímulos del entorno, como una prueba científica de que lo consciente y racional se halla necesariamente determinado por lo inconsciente y emocional.

Pero tal interpretación pasa por alto que una “consulta inconsciente” no es un acatamiento incondicional: el acatamiento incondicional impediría la toma de decisiones; la “consulta inconsciente” la permite e incluso la posibilita. La libertad no se da cuando se actúa al margen de emociones y pasiones, en caso de ser posible actuar así, ni tampoco cuando éstas están predeterminadas biológicamente, como es el caso de los animales; se da cuando el gusto, lo emocional no se halla cerrado y fijado, sino inconcluso y abierto a la información. Por ejemplo, el toro de lidia cuando se siente en peligro topará a lo que vea moverse, sin plantearse alternativas. El torero, en cambio, vence su inclinación natural, la más intensa e inmediata, a huir del toro, e incitándolo busca, encuentra e inventa alternativas de lidia. Naturalmente, realiza la que le parece mejor de acuerdo con su arte y gusto, pero este arte y gusto no está predeterminado biológicamente, si así fuese, “la fiesta nacional” o algo parecido se celebraría en todo el mundo; es arte y gusto de entendidos, cultivado y por ende sometido al diálogo y la información, como todo arte y gusto humano, y esto es algo más que una diferencia de grado con respecto al gusto animal. El fumador más empedernido se plantea la alternativa de sacrificar el tabaco a la vida o la vida al tabaco, e íntimamente sabe que puede escoger cualquiera de las dos opciones, de lo contrario no reconocería tal alternativa como alternativa.

A todo ello se replica que ese saber íntimo, esa evidencia, esa sensación de libertad es una pura ilusión cerebral; que en el mundo material al que pertenecemos todo hecho es efecto de una causa que necesariamente lo precede y determina.

“Para este viaje no hacía falta tanta alforja”. Pero una vez hallados aquí, convendría recordar el análisis de la causalidad realizado por Hume en el siglo XVIII y precursado en el nominalismo medieval. Cuando –retomando el ejemplo de Hume- vemos que una bola de billar en movimiento choca con otra detenida, y observamos que esta otra tras recibir el impacto se mueve, lo único que experimentamos es la sucesión de dos hechos, pero no la necesidad de la sucesión. Sólo el hábito, la costumbre de experimentar la sucesión, y no la Lógica, nos hace pensar que se repetirá siempre. Lógicamente hablando, el determinismo (la creencia según la cual todo hecho se halla determinado necesariamente por otro anterior) es absurdo, incoherente, contradictorio. Pues si a un hecho siempre le precede otro en el tiempo, entonces un hecho infinito, integrado por una infinitud de hechos, se ha realizado; pero la noción de tal hecho infinito es tan absurda como la de una determinación indeterminada: este hecho infinito, por definición nunca empieza a ser hecho, es decir, es un hecho no hecho, lo cual es una contradicción

Por tanto, también la necesidad es una ficción cerebral. Mejor dicho: la necesidad -como la libertad y el yo- es una noción lógica, que, como las ficciones, no se encuentra en el campo de la experiencia, pero que, a diferencia de ellas, se supone para interpretarla. No puede haber comprensión de lo físico, sin supuestos metafísicos. Por ejemplo, no puede comprenderse el comportamiento del toro frente al torero, sin tener alguna noción de la necesidad; así como tampoco puede entenderse el arte del torero ante el toro, sin tener idea de la libertad.

(Continuará)

Juan José Bayarri

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NEUROCIENCIA ¡QUÉ PASADA DE CIENCIA!. 1ªPARTE.¿Crea el cerebro la realidad? ¿existe el yo?

En un ciclo de cinco conferencias dirigido por el Dr. Francisco José Rubia Vila, y titulado “Cerebro, mente y conciencia: nuevas orientaciones en neurociencia”, eméritos neurocientíficos que gozan de reconocimiento internacional explican cómo han superado el dualismo mente/cuerpo, reduciendo conciencia y voluntad a pura ilusión cerebral; es decir, explican cómo la neurociencia ha demostrado experimentalmente que el espíritu es una propiedad de la materia en alto grado de evolución orgánica. El objeto de este POST es mostrar que es lógicamente imposible demostrar experimentalmente semejante tesis, y que para defenderla dichos científicos se adentran en la metafísica sin tener idea de ello.

En una primera conferencia, titulada “¿Crea el cerebro la realidad?”, se explica el carácter ficticio de toda percepción, describiéndola del modo siguiente:

“El cerebro no es un órgano pasivo, receptor de información, sino que el acto de la percepción es un proceso activo en el que el cerebro tiene mucho que decir. Si tomamos el ejemplo de la visión, lo que constatamos es que cuando miramos a un árbol, por ejemplo, la luz que se refleja en sus hojas son radiaciones electro-magnéticas que inciden sobre los fotorreceptores de la retina del ojo produciendo una cascada de reacciones químicas que se traducen en impulsos nerviosos que, tras un recorrido, llegan a la corteza visual donde estos impulsos se integran y procesan. En la corteza los datos sufren un proceso complicado que detecta la forma, los patrones, los colores y el movimiento; luego el cerebro lo integra para formar un todo coherente. De pronto aparece la imagen de un árbol en nuestra mente, lo que supone un auténtico misterio. Esa imagen la genera nuestra mente/cerebro”.

En esta descripción se habla de una realidad que la mente/cerebro no crea, y que se encuentra fuera de ella/el, las ondas electromagnéticas. Éstas son transformadas en impulsos nerviosos mediante las reacciones químicas que se desencadenan en los órganos sensoriales al incidir en ellos. Estos impulsos nerviosos (ondas al fin y al cabo) tampoco son generados por la mente/cerebro, sino que son concebidos como los datos a partir de los cuales la mente/cerebro crea, en su interior y de acuerdo con sus propios criterios de interpretación, una imagen, una representación de la realidad. Mas una cuestión importante queda sin resolver: se afirma que la mente/cerebro crea una imagen de la realidad a partir de los datos que obtiene de la realidad misma y, no obstante, esta imagen es irreductible a la realidad , inexplicable sólo por la realidad; es una imagen que, a pesar de que se dice ser generada por la mente/cerebro, aparece sólo en la mente, es decir, es una imagen puramente introspectiva: “De pronto aparece la imagen […] en nuestra mente, lo que supone un auténtico misterio. Esa imagen la genera nuestra mente/cerebro”. Y este misterio proyecta su sombra sobre la naturaleza de la mente/cerebro, que se vuelve ambigua e ininteligible, ocultando con descaro, más que resolviendo, el problema de la separación de mente y cuerpo. Pues decir que existe una imagen de la realidad aparte de la realidad, aparte de la mente/cerebro, sólo en la mente, es separar mente y cuerpo. Este problema no impide establecer correlaciones entre ambas realidades (mental y corporal), y, por tanto, no incumbe al científico; pero el problema lógico-metafísico permanece incólume: no puede haber dos realidades, porque para ello tendría que existir alguna diferencia entre ambas, pero una diferencia real no diferencia dos realidades, y una diferencia no real no es ninguna diferencia.

Asimismo se afirma que sólo conocemos nuestras propias creaciones. Pero no se repara en que la concepción de la realidad como ondas electromagnéticas es una teoría , o sea, una imagen científica de nuestra mente; una creación tanto o más artificial que los sonidos, los colores, los sabores, etc. Por tanto, lo que es presentado como una simple descripción, una “constatación” del proceso de la percepción, en realidad es el producto de correlacionar dos imágenes, dos “puntos de vista”, el científico y el introspectivo, otorgando inexplicablemente al primero el valor de realidad y al segundo el de apariencia. Tal yuxtaposición presupone lo que quiere demostrar: que la mente carece de realidad; y explica el carácter repentino y misterioso de la aparición de la imagen mental, así como la naturaleza ambigua de la mente/cerebro.

Después, en la segunda conferencia, se dan razones para pensar que no sólo todo lo que es percibido es irreal, sino que también lo es el sujeto que percibe que percibe. En efecto, experimentos muestran que la mente inconscientemente percibe y recuerda muchísima más información que la conciencia; experimentos muestran que las actividades de la mente, al no ser en su mayor parte abarcadas por la conciencia, no son controladas por la voluntad, sino que la determinan; experimentos muestran que el yo, entendido como una conciencia rectora de todas nuestras funciones mentales, no tiene un correlato neuronal; luego, no existe.

Esto me recuerda una pintada en la facultad, que decía: “Dios ha muerto, Marx también, y últimamente yo no me encuentro muy bien”.

Bromas aparte, básicamente es innegable el contenido de esta conferencia. Más es lógicamente imposible compartir su espíritu, su interpretación en absoluto. Los científicos atienden a los hechos con tanta intensidad que suelen olvidar que limitan su atención a ellos, y, en consecuencia, juzgan que ser hecho es ser en absoluto. Juicio metafísico: no tautológico ni verificable empíricamente, sino que representa una interpretación de la experiencia, que la absolutiza. Sin embargo las experiencias y los hechos se resisten a ser absolutizados y exigen lógicamente un sujeto activo a la vez que pasivo que los realice. El yo no es un hecho ni un cúmulo de hechos y experiencias, ni siquiera es un conjunto de capacidades o funciones. Sí, hechos y capacidades determinan respectivamente el contenido y la forma de su expresión. Pero el yo se identifica con su expresión precisamente cuando deja de ser yo, cuando muere; es decir, la identificación del yo con su expresión es una confusión lógica consistente en tomar el predicado por el sujeto. Es, pues lógico que los análisis de los neurocientíficos no hallen el correlato neuronal del yo: el yo es sujeto absoluto de experiencia, con más razón si cabe, de la introspectiva, por lo que es imposible encontrarlo en ella, y si el yo no puede estar en la experiencia introspectiva, es imposible, con más razón si cabe, descubrir su correlato neuronal. Efectivamente esto quiere decir que el yo es irreal, pero ello no significa que no existe. El yo existe realizándose por activa y por pasiva, y por eso no puede ser real.

Importa añadir, en cuanto a la voluntad, que el hecho de que se encuentre determinada por lo inconsciente no implica que sea anulada o suplantada por él; solamente debiera significar en buena lógica que tiene límites inconscientes. Lo contrario sería negar la voluntad por razones irracionales, por éstas también tendría que negarse la posibilidad de conocer los hechos, y con ella la posibilidad de la ciencia y hasta la de la misma racionalidad, incluso la del argumento que niega la libertad, afirmando el imperio de lo inconsciente. Tal argumentación es llevada a cabo más detalladamente en la cuarta conferencia, por lo que será tratada a continuación, dejando para el final la tercera y la quinta.

(Continuará)

Juan José Bayarri

La mollera al sol

“El pensamiento filosófico es similar a un juego de ajedrez vivo o difuso con figuras camaleónicas. Los conceptos de la filosofía se asemejan a las figuras del ajedrez moviéndose en el espacio lógico. Pero así como las figuras del ajedrez son funciones determinadas de manera fija y explícita -conocemos sus movimientos posibles sin excepción-, en el juego del pensamiento desconocemos la potencia total de sus figuras –conceptos e ideas- cuyos movimientos posibles nos son sólo conocidos en parte y en otra gran parte están por descubrir. Esto tiene sus consecuencias: en el ajedrez siempre podemos decir si una jugada es válida o no lo es; si estamos jugando al ajedrez o estamos haciendo otra cosa que ya no es ajedrez, por ejemplo si muevo un alfil en espiral o un caballo en diagonal. Esto no es tan fácil en filosofía, pues las ideas son grandes desconocidas –auténticos icebergs en el agitado mar del pensamiento- y no tenemos otra sujeción que la de la lógica –esto de por sí no es gran cosa, y, vamos , es ya la pura nada si además defendemos una lógica dialéctica o “alguna de las polivalentes” …-, de tal manera que en filosofía –como ocurre en las artes, incluidas la cocina y la medicina, y en la vida- más de una vez nos sentimos incapaces de distinguir el sinsentido y la tomadura de pelo de lo valioso y del rigor. Y, sin embargo, esta distinción debe ser posible al menos como postulado. El postulado de que no es lo mismo la batuta de Mozart que el cencerro de una oveja.”

Me decía a mí mismo mientras encañaba las tomateras.

La República de Platón



Tras el vino y las rosas con que comenzábamos la evaluación, vienen por fin el ruido y la furia y no sólo por los temidos accesos de fiebre. El caso es que a unos por placer y a otros para ayudarles a preparar algún tedioso examen, les aconsejo la audición de una hermosa conferencia de Francisco Rodríguez Adrados sobre la República de Platón. Los que la oigan por gusto no se sentirán defraudados pues el profesor Adrados analiza con belleza, acierto y erudición uno de los textos más hermosos de la historia de la filosofía. Los que tengan examen, pueden guardar el archivo en su ipod y escucharlo por ahí, o mientras duermen y quizá el sugestivo pensamiento de Platón les sugiera algún sueño (lúcido por necesidad) en el que salen de una siniestra caverna…

Aprovecho para agradecer a Adolfo el link a la web de la Fundación Juan March, que tiene una apartado en el que se guardan las conferencias pronunciadas allí desde 1975.
Desde AQUÍ se puede oír y descargar la conferencia de Adrados sobre la República.
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