NEUROCIENCIA ¡QUÉ PASADA DE CIENCIA!. 1ªPARTE.¿Crea el cerebro la realidad? ¿existe el yo?

En un ciclo de cinco conferencias dirigido por el Dr. Francisco José Rubia Vila, y titulado «Cerebro, mente y conciencia: nuevas orientaciones en neurociencia», eméritos neurocientíficos que gozan de reconocimiento internacional explican cómo han superado el dualismo mente/cuerpo, reduciendo conciencia y voluntad a pura ilusión cerebral; es decir, explican cómo la neurociencia ha demostrado experimentalmente que el espíritu es una propiedad de la materia en alto grado de evolución orgánica. El objeto de este POST es mostrar que es lógicamente imposible demostrar experimentalmente semejante tesis, y que para defenderla dichos científicos se adentran en la metafísica sin tener idea de ello.

En una primera conferencia, titulada «¿Crea el cerebro la realidad?», se explica el carácter ficticio de toda percepción, describiéndola del modo siguiente:

“El cerebro no es un órgano pasivo, receptor de información, sino que el acto de la percepción es un proceso activo en el que el cerebro tiene mucho que decir. Si tomamos el ejemplo de la visión, lo que constatamos es que cuando miramos a un árbol, por ejemplo, la luz que se refleja en sus hojas son radiaciones electro-magnéticas que inciden sobre los fotorreceptores de la retina del ojo produciendo una cascada de reacciones químicas que se traducen en impulsos nerviosos que, tras un recorrido, llegan a la corteza visual donde estos impulsos se integran y procesan. En la corteza los datos sufren un proceso complicado que detecta la forma, los patrones, los colores y el movimiento; luego el cerebro lo integra para formar un todo coherente. De pronto aparece la imagen de un árbol en nuestra mente, lo que supone un auténtico misterio. Esa imagen la genera nuestra mente/cerebro”.

En esta descripción se habla de una realidad que la mente/cerebro no crea, y que se encuentra fuera de ella/el, las ondas electromagnéticas. Éstas son transformadas en impulsos nerviosos mediante las reacciones químicas que se desencadenan en los órganos sensoriales al incidir en ellos. Estos impulsos nerviosos (ondas al fin y al cabo) tampoco son generados por la mente/cerebro, sino que son concebidos como los datos a partir de los cuales la mente/cerebro crea, en su interior y de acuerdo con sus propios criterios de interpretación, una imagen, una representación de la realidad. Mas una cuestión importante queda sin resolver: se afirma que la mente/cerebro crea una imagen de la realidad a partir de los datos que obtiene de la realidad misma y, no obstante, esta imagen es irreductible a la realidad , inexplicable sólo por la realidad; es una imagen que, a pesar de que se dice ser generada por la mente/cerebro, aparece sólo en la mente, es decir, es una imagen puramente introspectiva: “De pronto aparece la imagen […] en nuestra mente, lo que supone un auténtico misterio. Esa imagen la genera nuestra mente/cerebro”. Y este misterio proyecta su sombra sobre la naturaleza de la mente/cerebro, que se vuelve ambigua e ininteligible, ocultando con descaro, más que resolviendo, el problema de la separación de mente y cuerpo. Pues decir que existe una imagen de la realidad aparte de la realidad, aparte de la mente/cerebro, sólo en la mente, es separar mente y cuerpo. Este problema no impide establecer correlaciones entre ambas realidades (mental y corporal), y, por tanto, no incumbe al científico; pero el problema lógico-metafísico permanece incólume: no puede haber dos realidades, porque para ello tendría que existir alguna diferencia entre ambas, pero una diferencia real no diferencia dos realidades, y una diferencia no real no es ninguna diferencia.

Asimismo se afirma que sólo conocemos nuestras propias creaciones. Pero no se repara en que la concepción de la realidad como ondas electromagnéticas es una teoría , o sea, una imagen científica de nuestra mente; una creación tanto o más artificial que los sonidos, los colores, los sabores, etc. Por tanto, lo que es presentado como una simple descripción, una “constatación” del proceso de la percepción, en realidad es el producto de correlacionar dos imágenes, dos «puntos de vista», el científico y el introspectivo, otorgando inexplicablemente al primero el valor de realidad y al segundo el de apariencia. Tal yuxtaposición presupone lo que quiere demostrar: que la mente carece de realidad; y explica el carácter repentino y misterioso de la aparición de la imagen mental, así como la naturaleza ambigua de la mente/cerebro.

Después, en la segunda conferencia, se dan razones para pensar que no sólo todo lo que es percibido es irreal, sino que también lo es el sujeto que percibe que percibe. En efecto, experimentos muestran que la mente inconscientemente percibe y recuerda muchísima más información que la conciencia; experimentos muestran que las actividades de la mente, al no ser en su mayor parte abarcadas por la conciencia, no son controladas por la voluntad, sino que la determinan; experimentos muestran que el yo, entendido como una conciencia rectora de todas nuestras funciones mentales, no tiene un correlato neuronal; luego, no existe.

Esto me recuerda una pintada en la facultad, que decía: “Dios ha muerto, Marx también, y últimamente yo no me encuentro muy bien”.

Bromas aparte, básicamente es innegable el contenido de esta conferencia. Más es lógicamente imposible compartir su espíritu, su interpretación en absoluto. Los científicos atienden a los hechos con tanta intensidad que suelen olvidar que limitan su atención a ellos, y, en consecuencia, juzgan que ser hecho es ser en absoluto. Juicio metafísico: no tautológico ni verificable empíricamente, sino que representa una interpretación de la experiencia, que la absolutiza. Sin embargo las experiencias y los hechos se resisten a ser absolutizados y exigen lógicamente un sujeto activo a la vez que pasivo que los realice. El yo no es un hecho ni un cúmulo de hechos y experiencias, ni siquiera es un conjunto de capacidades o funciones. Sí, hechos y capacidades determinan respectivamente el contenido y la forma de su expresión. Pero el yo se identifica con su expresión precisamente cuando deja de ser yo, cuando muere; es decir, la identificación del yo con su expresión es una confusión lógica consistente en tomar el predicado por el sujeto. Es, pues lógico que los análisis de los neurocientíficos no hallen el correlato neuronal del yo: el yo es sujeto absoluto de experiencia, con más razón si cabe, de la introspectiva, por lo que es imposible encontrarlo en ella, y si el yo no puede estar en la experiencia introspectiva, es imposible, con más razón si cabe, descubrir su correlato neuronal. Efectivamente esto quiere decir que el yo es irreal, pero ello no significa que no existe. El yo existe realizándose por activa y por pasiva, y por eso no puede ser real.

Importa añadir, en cuanto a la voluntad, que el hecho de que se encuentre determinada por lo inconsciente no implica que sea anulada o suplantada por él; solamente debiera significar en buena lógica que tiene límites inconscientes. Lo contrario sería negar la voluntad por razones irracionales, por éstas también tendría que negarse la posibilidad de conocer los hechos, y con ella la posibilidad de la ciencia y hasta la de la misma racionalidad, incluso la del argumento que niega la libertad, afirmando el imperio de lo inconsciente. Tal argumentación es llevada a cabo más detalladamente en la cuarta conferencia, por lo que será tratada a continuación, dejando para el final la tercera y la quinta.

(Continuará)

Juan José Bayarri

¿Qué significa sostenible?

Desde hace algunos años se ha puesto de moda el concepto de ‘sostenible’. Yo empecé a escucharlo en la Universidad, a finales de los noventa. Desde entonces todo es sostenible. El meme en cuestión goza de buena salud y  no sólo no necesita ser justificado, sino que sirve para justificar inmediatamente cualquier cosa. He de confesar que no tengo muy claro qué significa, supongo que habrá quien, vía comentarios, pueda ilustrarme.

La cuestión es que leyendo hoy un interesante reportaje de El País me he encontrado con una acepción del término que no se me había ocurrido hasta ahora. El fragmento que ha venido a iluminarme contiene unas declaraciones de la Ministra Salgado ante la pregunta del periodista estadounidense Phil Bennett:

Salgado dice que el Gobierno cree, como proclamó Zapatero el año pasado, que la salida de la crisis «será social, o no será». Al preguntarle si el gasto social actual es sostenible, contesta, con brevedad, que «es sostenible porque según nuestras prioridades lo hemos puesto en el máximo lugar».

O sea, que ‘sostenible’ significa que lo van a sostener, sí o sí. ¿Será la ‘sostenibilidad’ el refugio de los tiranos?

La mollera al sol

“El pensamiento filosófico es similar a un juego de ajedrez vivo o difuso con figuras camaleónicas. Los conceptos de la filosofía se asemejan a las figuras del ajedrez moviéndose en el espacio lógico. Pero así como las figuras del ajedrez son funciones determinadas de manera fija y explícita -conocemos sus movimientos posibles sin excepción-, en el juego del pensamiento desconocemos la potencia total de sus figuras –conceptos e ideas- cuyos movimientos posibles nos son sólo conocidos en parte y en otra gran parte están por descubrir. Esto tiene sus consecuencias: en el ajedrez siempre podemos decir si una jugada es válida o no lo es; si estamos jugando al ajedrez o estamos haciendo otra cosa que ya no es ajedrez, por ejemplo si muevo un alfil en espiral o un caballo en diagonal. Esto no es tan fácil en filosofía, pues las ideas son grandes desconocidas –auténticos icebergs en el agitado mar del pensamiento- y no tenemos otra sujeción que la de la lógica –esto de por sí no es gran cosa, y, vamos , es ya la pura nada si además defendemos una lógica dialéctica o “alguna de las polivalentes” …-, de tal manera que en filosofía –como ocurre en las artes, incluidas la cocina y la medicina, y en la vida- más de una vez nos sentimos incapaces de distinguir el sinsentido y la tomadura de pelo de lo valioso y del rigor. Y, sin embargo, esta distinción debe ser posible al menos como postulado. El postulado de que no es lo mismo la batuta de Mozart que el cencerro de una oveja.”

Me decía a mí mismo mientras encañaba las tomateras.

Nietzsche como ‘deseducador’

Ante las malas noticias no hay como buscar consuelo en los clásicos. Lamentablemente en este caso tampoco parece que podamos encontrarlo, qué le vamos a hacer:

Al sistema entero de educación superior en Alemania se la he ido de las manos lo principal: tanto la finalidad_ como los medios de lograrla. Se ha olvidado que la educación, la formación misma –y no el Reich- es la finalidad, que para lograr esa finalidad son precisos educadores –y no profesores de Instituto y doctos de Universidad… Hay necesidad de educadores que estén educados ellos mismos, de espíritus superiores, aristocráticos, probados en cada instante, probados por la palabra y el silencio, culturas que se hayan vuelto maduras, dulces, no los doctos zopencos que los Institutos y la Universidad ofrecen hoy a la juventud como «nodrizas superiores». Faltan, descontadas las excepciones de las excepciones, los educadores, primera condición previa de la educación: de ahí la decadencia de la cultura alemana. –Una de esas rarísimas excepciones es mi venerado amigo Jakob Burckhardt de Basilea: a él en primer lugar debe Basilea su primacía humanística. –Lo que las «escuelas superiores» de Alemania logran de hecho es un adiestramiento brutal para hacer utilizable, aprovechable para el servicio del Estado, con la menor pérdida posible de tiempo, un gran número de jóvenes. «Educación superior» y gran número –son cosas que de antemano se contradicen. Toda educación superior pertenece sólo a la excepción: hay que ser privilegiado para tener derecho a un privilegio tan alto. Ninguna de las cosas grandes, ninguna de las cosas bellas, puede ser jamás bien común: pulchrum est paucorum hominum [lo bello es cosa de pocos hombres].- ¿Qué es lo que condiciona la decadencia de la cultura alemana? El hecho de ue la «educación superior» no sea ya un privilegio –el democratismo de la «cultura general», la cual se ha vuelto común… Sin olvidar que los privilegios militares imponen formalmente una concurrencia excesiva a las escuelas superiores, es decir, su ruina. –Nadie es ya libre, en la Alemania de ahora, de dar a sus hijos una educación aristocrática: nuestras escuelas «superiores», todas ellas, están organizadas para la mediocridad más ambigua, en sus maestros, en sus planes de enseñanza, en las metas de su enseñanza. Y en todas partes reina una prisa indecorosa, como si se llegase tarde a algo si el joven de veintitrés años no ha «acabado» ya, no conoce todavía la respuesta a la «pregunta principal»: ¿qué profesión? – Una especie superior de hombre, permítaseme decirlo, no ama las «profesiones», precisamente porque se sabe con una vocación… Tiene tiempo, no piensa en absoluto en haber «acabado», -a los treinta años se es, en el sentido de una cultura elevada, un principiante, un niño. –Nuestros Institutos repletos, nuestros profesores de Institutos sobrecargados, convertidos en unos estúpidos, son un escándalo: para tomar la defensa de esas situaciones, como acaban de hacerlo los catedráticos de Heidelberg, acaso se tengan causas, – pero no hay razones.

F. Nietzsche: El crepúsculo de los ídolos

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