Los enemigos de la filosofía (6) – Nosotros

Entregas anteriores:

Los enemigos de la filosofía (5) – El PP

Los enemigos de la filosofía (4) – La nueva selectividad

Los enemigos de la filosofía (3) – Las optativas del departamento

Los enemigos de la filosofía (2) – Ciencias para el Mundo Contemporáneo

Los enemigos de la filosofía (1) – El PSOE

Como lo prometido es deuda, termino esta serie de posts con uno de nuestros enemigos más nocivos: nosotros, los profesores de filosofía (aunque, técnicamente, ya no hay nada que corresponda a esa descripción). Nos han destrozado la filosofía en el bachillerato, nos han marginado en selectividad, nos han convertido en educadores viales y comisarios políticos, nos han quitado horas, nos han dado marías y nosotros, ¿qué hemos hecho nosotros? Está claro que no somos controladores aéreos, pero oiga, es que parecemos tontos. ¿Dónde el clamor de los profesionales que aman su disciplina, la valoran y por lo tanto la defienden? ¿Dónde? Cuatro gatos. Nos quitaban el pan de la boca y ¿qué hacíamos? Lloriquear porque había que dar la educación para la ciudadanía en inglés, ‘sacar la filosofía a la calle’, alucinar con ‘Matrix’, abominar de la iglesia y darles pancartas a los alumnos. Nos dijeron que nuestra disciplina era un rollo macabeo, que estaba alejada de la realidad social de los alumnos, que era demasiado abstracta, que era ‘museística’ e inútil, que lo que teníamos que hacer era dejarnos de monsergas y aportar algo: formar ciudadanos ‘críticos’ y comprometidos con los valores constitucionales (supongo que en algún despacho alguien dijo ‘y con éstos de filosofía qué hacemos’ y otro le contestó ‘y yo qué sé, que den valores’). Y nosotros encantados. ¿Por qué? Ustedes qué creen… Hemos despreciado el saber. Es justo que paguemos las consecuencias.

Los enemigos de la Filosofía (5): El PP

Como alguien apuntaba en los comentarios del primer post de esta serie parece que, especialmente en nuestro gremio, uno no puede criticar al PSOE sin darle lo suyo al PP, bajo pena de que sus argumentos queden invalidados al grito de ‘facha’. Esto es tan tonto que no merece la pena comentarlo más, pero ocurre. Sirva este post como satisfacción de dicha cuota.

Reconozco que pago el peaje con pesadumbre, pues el Partido Popular es el único que ha salido en defensa de la asignatura de Filosofía frente a los ataques del PSOE. Y no lo ha hecho de cualquier manera, sino por escrito, en el programa con el que se presentó a las elecciones del 2008. En la propuesta 856 (p. 147-148) el PP afirma que mejorarán “la estructura, los programas y la eficacia de los aprendizajes en el bachillerato” mediante, entre otras medidas:

Una orientación adecuada de las materias de carácter humanístico, evitando su actual empobrecimiento. La filosofía recuperará su configuración clásica, desvinculándola de “Educación para la Ciudadanía”.

Reconozco que estoy ansioso por que el PP tenga la oportunidad de devolver a la filosofía su “configuración clásica”. Pero, en primer lugar, me pregunto si lo de ‘configuración clásica’ se refiere al contenido de la asignatura, a su duración o a ambas cosas. Espero que se refieran a ambas cosas, vamos, que la dejen como estaba. En segundo lugar, está el tema de la ‘desvinculación’ de EpC, que también celebro, pero que considero insuficiente: lo que hay que hacer es eliminar EpC. Pero, ay, eso no ocurrirá; EpC quedará para siempre con sus contenidos a merced del gobierno de turno.

Para los ciudadanos corrientes rige el llamado principio de presunción de inocencia. En el caso de los partidos políticos este principio debe ser puesto entre paréntesis. Los partidos son culpables mientras no demuestren lo contrario. Ejercer el poder o pretender hacerlo tiene eso, que uno es, a priori, sospechoso. Y además creo que esto es lo propio de una democracia saludable.

Digo esto porque no creo que ningún partido, ni siquiera el PP, defienda la asignatura de filosofía ‘en su configuración clásica’ por principios. Los partidos políticos son un sofisticado engranaje diseñado para obtener votos y para evitar perderlos una vez obtenidos. Cuando defienden A o B lo hacen porque toca. Por otra parte, la filosofía jamás puede ser defendida sinceramente por ningún partido político. Un partido podría reivindicar a Marx o a Popper como filósofos de cabecera, pero no a la filosofía. Digamos que la filosofía de los partidos políticos es contraria a la filosofía ‘en su configuración clásica’. Dicho esto, no seré yo quien desprecie el interés del PP en defender la filosofía (y las humanidades), por espurio que sea dicho interés.

Ahora bien, mucho me temo que ese punto del programa puede desaparecer, como quien no quiere la cosa, en las próximas elecciones, pues no es sino una reacción al debate que generó la Educación para la Ciudadanía. Pero una vez consolidada la asignatura esa y olvidado el debate, puede que el PP pierda también su interés. Habrá que recordárselo entonces, supongo. De hecho, asignaturas como Ciencias para el Mundo Contemporáneo, más peligrosas para la filosofía que la propia EpC, no parece que llamen demasiado la atención de los ‘populares’.

En cualquier caso, las sospechas sobre lo que hará o no hará el PP cuando gobierne no están infundadas. El PP gobierna en ciertas comunidades que pueden servir como modelo de lo que harían a nivel nacional. En este caso, me referiré a la Comunidad Valenciana, por ser la que padezco.

Como saben, aquí manda Camps el ‘ilustrisim’, que no destacando ni por su inteligencia ni por su carisma (yo, desde luego, no le prestaría dinero), sigue imbatible, así que imaginen cómo es la oposición. Al frente de Educación, el Conseller Alejandro Font de Mora, forense de profesión, que con su mano dura y sus ojillos de oso de peluche ha dejado a media plantilla en el paro para ver si así dejamos de ser la segunda comunidad con mayor fracaso escolar (la primera es Ceuta). Esto último es un meritorio logro que no se conseguiría sin el apoyo de un buen equipo, en el que destaca la Secretaria Autonómica d’Educació, Doña Concepción Gómez Ocaña, doctorada en Ciencias de la Educación por la Universidad de Valencia (o sea, que sabe muuuussssscho de educación).

Pues verán, con este equipo el PP Valenciano podría haber desarrollado ese interés que su programa nacional parecía demostrar por la filosofía y echarnos una manita. Pero no lo han hecho. Y no lo han hecho porque no han querido.

En primer lugar, el PP Valenciano podría haber conseguido que mantuviéramos las tres horas de filosofía en primero de Bachillerato, como ha ocurrido en otras comunidades, pero no. Pondrán chino mandarín y lo que se les pase por la cabeza, pero eso no. Ahí están con el PSOE.

En segundo lugar, al transformar la optativa de Psicología en Psicopedagogía, no nos han hecho ningún favor ni a nosotros ni a los alumnos. La Psicología no sólo interesa a alumnos que vayan a estudiar dicha licenciatura, sino que en ella se tratan cuestiones generales de la disciplina que son de interés para una gran variedad de profesionales (médicos, encargados de recursos humanos, publicistas e, incluso, psicopedagogos). Sin embargo, se sustituye el interés general de la Psicología por el interés particular de la Psicopedagogía. Pero, ¿Quién tiene interés particular en la psicopedagogía de primero de bachiller? Desde luego, no los alumnos, ni siquiera los que quieran ser psicopedagogos, pues en ese caso, lo que les interesa es, precisamente, la psicología. El único interés en la materia es el de Concepción Gómez que con dicha arbitraria imposición pretende, quizá, y en el mejor de los casos, ‘homenajear’ a la Facultad que la vio nacer.

Así que el PP Valenciano, lejos de defender nuestra disciplina, está siendo cómplice de su asesinato, consolidando la pérdida horaria y empobreciendo las optativas del Departamento. Esperemos que a nivel nacional sea otra cosa.

Próxima entrega: Los enemigos de la Filosofía (6): Nosotros.

Los enemigos de la Filosofía (4): La nueva Selectividad

Probablemente la asignatura del Departamento de Filosofía que se imparte con mayor rigor es la Historia de la Filosofía de 2º de Bachillerato. Y eso no es porque a los profesores nos dé un ataque de ética profesional al entrar a un aula de segundo; ya quisiéramos disponer en otros niveles de las herramientas de las que disponemos ahí. ¿Qué herramientas son esas? No es la mediación, ni la atención a la diversidad, ni las TIC, ni el coaching. Lo que permite que 2º de Bachiller sea un curso serio es la selectividad. Los alumnos, forzados por primera vez a hacerse cargo de las consecuencias de sus notas, se preocupan por la asignatura, y eso que muchos optarán por examinarse de Historia. Quítenle la selectividad a la filosofía en segundo de bachiller, y la convertirán en una atención educativa.

La importancia de la selectividad para nuestra disciplina la convierte en un objetivo estratégico fundamental para nuestros enemigos: podemos esperar que los próximos ataques a la Filosofía tengan que ver con la selectividad. De hecho esos ataques ya han comenzado con la última reforma, pero no contra la Filosofía directamente, sino contra el Departamento de Filosofía. Nuestro enemigo es astuto…

Concretamente, el ataque al que me refiero tiene como víctimas a las optativas que impartimos los de filosofía en segundo de Bachiller, que vienen a reducirse a la Sociología (allí donde se mantenga, porque yo me he quedado sin). Alguien se sorprenderá de verme ahora defendiendo al que en el post anterior califiqué de enemigo número tres de la Filosofía, pero es que resulta que aquí los enemigos de nuestros enemigos no son, precisamente, nuestros amigos, si me permiten el retruécano. Ya les digo, son astutos.

Resulta que la sociología de segundo cuenta con cuatro horas semanales y, como dijimos, los alumnos no tienen que examinarse de ella en selectividad. Mejor, dirán algunos, pues los alumnos, liberados de tan penosa carga, preferirán elegir la optativa de Sociología a la de Literatura Universal, por ejemplo, que sí va a selectividad. ¡Craso error! Lo que ocurre es que optativas como Literatura Universal (que, por cierto, ya era hora…) gozan de la posibilidad de presentarse voluntariamente a un examen en selectividad. Ese examen no puede bajar la nota de ningún alumno, sólo puede subirla, de modo que no se corren riesgos. Esto es lo que ha permitido devaluar las notas de selectividad de modo que ahora para sacar lo que antes era un 10, hay que sacar un 14. Por buena nota que sacara un alumno en Sociología durante el curso, la optativa de Literatura Universal le permite sacar un 14 al final, mientras que en Sociología debería conformarse con un 10 (no me creo que esté diciendo esto). Todo esto nos conduce a que no hay ninguna razón para que un alumno prefiera Sociología a Literatura Universal. Con esta última todo son ventajas. Bueno, ¿y por qué Sociología no va también a selectividad? Yo no quiero ser malpensado, pero la única razón que se me ocurre es para hacernos daño a nosotros, y eso se verá mucho más claramente con lo que viene a continuación.

Puede, dirá alguien, que a algún alumno le interese cursar Sociología porque pretende matricularse en la carrera de Sociología. Puede, contestamos, pero ya se ha encargado nuestro enemigo de desincentivar a dicho hipotético alumno. Como se sabe, ahora hay algunas asignaturas de selectividad que puntúan más o menos en función de la carrera a elegir. Así, la asignatura de química puntúa más a quien va a estudiar química que a quien va a matricularse en ADE. Razonable, ¿no? De hecho la lista de asignaturas con ponderación especial para química en la Comunidad Valenciana en el curso 2010-2011 es la siguiente:

Física, Matemáticas II, Química, Biología, Ciencias de la Tierra y Medioambientales, Electrotecnia, Tecnología industrial II y Dibujo Técnico.

Bien, unas tienen más que ver que otras, pero bien. Pero si vamos a la carrera de Sociología encontramos que se consideran especialmente valiosas las asignaturas de Latín II, Electrotecnia, Dibujo Técnico II o Química. ¿Cómo? ¿A un estudiante que quiera matricularse en Sociología no se le tiene en cuenta que haya cursado la Sociología en segundo de Bachiller? Pues no, porque además no tiene ni la posibilidad de poner a prueba sus conocimientos en el examen de selectividad. ¿Y por qué? ¿Es mejor así para los alumnos? ¿Mejora eso la educación? ¿Van así mejor preparados a la universidad? No. La única razón que existe es que eso nos perjudica a nosotros, los miembros del Departamento de Filosofía, alguno de los cuales comprobará, el próximo curso, que sobra.

Próxima entrega: Los enemigos de la Filosofía (5): El PP

Los enemigos de la Filosofía (3) – Las optativas del Departamento

Como es sabido, la LOGSE introdujo una serie de dogmas en el sistema educativo entre los que brilla, por su inutilidad, la llamada ‘atención a la diversidad’, siendo una de sus expresiones más inicuas la proliferación de asignaturas optativas. Esto no mejoró el sistema; más bien al contrario, fomentó el mercadeo entre departamentos, el abaratamiento de las notas y otras tropelías en las que mejor no entrar.

Lo más frecuente es que el Departamento de Filosofía imparta, además de las asignaturas troncales, las optativas de Psicología (Psicopedagogía en la Comunidad Valenciana…) y Sociología. Algunos suertudos imparten Antropología y, cuentan los más viejos –yo no lo he visto-, hay quien ha conseguido, incluso, dar Filosofía de la Ciencia.

Al margen de la ocurrencia valenciana de convertir la Psicología en Psicopedagogía, esas asignaturas optativas no constituyen, en sí mismas, una amenaza a la Filosofía. Al contrario, Psicología, Sociología y Antropología son disciplinas muy apreciadas por los filósofos aunque, mucho me temo, el aprecio no siempre es mutuo. De hecho, no es posible impartir un curso introductorio a la filosofía mínimamente completo, sin tratar cuestiones psicológicas, sociológicas y antropológicas. Asimismo, muy pobre quedaría un curso de Psicología, Sociología o Antropología sin referencias filosóficas; sería algo así como Ciencias para el Mundo Contemporáneo o examinarse de las preguntas del Trivial.

La razón por la que estas optativas ocupan un lugar en esta lista se entenderá enseguida. Este año imparto en primero de bachillerato Psicopedagogía (no tiene gracia) y Filosofía y Ciudadanía. La optativa cuenta con cuatro horas a la semana y la Filosofía con dos, exactamente la mitad. Para mis alumnos soy ‘el de Psicopedagogia’ y accidentalmente les doy Filosofía. En segundo de Bachiller la cosa es semejante. La Filosofía tiene tres horas semanales y la Sociología cuatro. Poca gente entiende cómo es posible que la asignatura que cuenta con menos horas sea la que vaya a selectividad. Aunque no me quejaré mucho porque lo más seguro es que si menten mano ahí, no lo harán, precisamente, para favorecer a la Filosofía.

La amenaza que se cierne sobre la Filosofía consiste en que estas optativas son un caballo de Troya. Nos las dan como un regalo, para que tengamos horas, pero en cuanto nos descuidemos, empezarán a salir de ahí psicólogos, sociólogos y si me apuras, psicopedagogos, hasta que del Departamento de Filosofía no quede ni el nombre. Y la cosa, menos.

Ya hay por ahí, para los incrédulos, la amenaza de eliminarlo e integrarnos en no sé qué Departamento de Ciencias Sociales.

Próxima entrega: Los enemigos de la Filosofía (4) – La nueva selectividad

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