Educación para la ciudadanía
4 marzo, 2011 17 comentarios
Estas líneas pretenden invitar a una nueva reflexión sobre un asunto que nació entre furibundas discusiones, que desató los más violentos y pintorescos enfrentamientos [desde el inglés valenciano o el enseñar a poner(se) el condón de Blanco] sobre asuntos educativos que yo he conocido y que ahora [dicho en una afortunada expresión de Nigel Barley absolutamente certera para este asunto] asemeja «el tenso silencio de los borrachos de Glasgow». Pero esa quietud de los bacantes no debe ocultar la persistencia de una cuestión no resuelta.
Comencemos a la manera española, excusándonos y pidiendo que no se nos confunda: como profesor de filosofía uno (en este caso yo) prefiere comentar junto a un «cultivado » público de bachilleres de 17 años un texto de Descartes, una idea de Kant, una finesse de Nietzsche… y preferiría que fuese otro (o mismamente tú) quien hubiese de vérselas con tres docenas de treceañeros, la Constitución y la Declaración Universal de los Derechos Humanos. No hay color. Y, dado por sentado lo único que en este asunto es obvio, pasemos a lo problématico.
Quizá todavía cae dentro de lo obvio -al menos me lo parece a mí- que la entrada en escena de «las ciudadanías» ha «enrarecido» materias sólidamente establecidas dentro de los departamentos de la filosofía, como la ética y la misma filosofía de bachiller. Aunque curiosamente la manera en que ha sido acogido por estos departamentos este «giro ciudadano» de la filosofía ha sido bien dispar; tenemos para elegir en un amplio arco desde el fervor a la abominación. Me gustaría aquí negar la abominación sin caer en el fervor, pero no pretendo recomendar resignación, ni tampoco simplemente hacer de la necesidad virtud -lo que por otro lado no viene de más en este asunto.
Las cuestiones que creo relevantes son:
1. ¿Consideramos necesario que el alumno al finalizar su ciclo de escolarización obligatoria tenga conocimientos básicos acerca del medio social, político y jurídico -nacional e internacional- en el que vive?
2. ¿Puede una asignatura como Educación para la ciudadanía contribuir a este propósito?
Mi respuesta a ambas preguntas es sí. Respecto a la primera pregunta, me parece tan esencial ese conocimiento como que el alumno conozca el medio geográfico y natural. Respecto a la segunda, me parece que la materia de Historia dada la inmensidad de contenidos a abarcar no puede cumplir satisfactoriamente esa labor. Por supuesto quedan abiertas multitud de cuestiones acerca de la forma más correcta de introducir una materia de este tipo dentro de los planes de estudios actuales, horas disponibles y cursos etc… No tratamos de estos detalles aquí, pues no es el objeto de este escrito; aunque sin duda son importantes, pues de ellos (de los detalles) dependerá el éxito del asunto. La posibilidad de una materia de ética y ciudadanía (Educación ético-cívica) de tres horas en 4º parece una posibilidad atractiva. Su cara gris es que podría soslayar los contenidos de los que hablábamos, que podrían quedar en un «segundo o tercer plano». Evitar este soslayamiento con una vigilancia férrea del cumplimiento del programa abre posibilidades muchos menos atractivas que las que al principio imaginábamos. Caben otras fórmulas en las que estos contenidos se dividen en dos materias con diferente asignación de carga lectiva, como las efectivamente vigentes en las distintas comunidades, cada una sujeta con sus virtudes y defectos a discusión. Personalmente la formula que menos me gusta es dos horas para ciudadanía y una para ética. Pero no es este el tema.
Imagino que, quizá, los más escépticos ante las «ciudadanías» me dirán que ellos no desaprueban una materia de tipo científico descriptivo que trate los contenidos citados, sino que desaprueban ciertos supuestos ideológicos nada científicos presentes en el curriculum de la materia y que hacen de ésta una forma de ideología de cariz adoctrinante más que un campo de conocimiento abierto a la verdad y a la crítica. Pues bien, lejos de esconder la inmudicia bajo la alfombra lo que propongo es sacar cuanta hubiera a la luz, no por el placer de mostrarla sino con la esperanza de poder deshacernos de ella.
PS. Desde luego no me vale lo de otra hora para inglés o para mates.




