¿Quién mató a Pajarito de Soto?


En mi particular intento de recuperar el tiempo perdido he venido a dar con La verdad sobre el caso Savolta de Eduardo Mendoza, de este autor ya había leído El misterio de la cripta embrujada, El laberinto de las aceitunas y Sin noticias de Gurb, todos ellos de divertida lectura; no había, en cambio, podido acabar La aventura del tocador de señoras, ni tampoco Mauricio o las elecciones primarias. Acaso no escogí el momento oportuno para su lectura; quizá la elección del tiempo adecuado sea determinante para que unos libros nos fascinen y otros nos aburran, he tenido esta experiencia con otros autores; leí en tres días Rojo y negro de Stendhal, pero no pude pasar de las primeras páginas de La cartuja de Parma, otro tanto me ha pasado con obras de García Márquez, con Dostoievki , Thomas Mann y otros…. quizá no nos habríamos enamorado de aquella persona si la hubiésemos conocido el domingo y no tal como ocurrió, aquel viernes.. quizá..
Sin embargo, estoy de suerte; tras el éxito de El Jarama he repetido premio con La verdad sobre el caso Savolta, una novela que me ha fascinado desde la primera página.

Ambientada en la Barcelona del final de la segunda década del siglo XX, me ha permitido conocer la atmósfera de la realidad española en aquellos turbulentos años, las luchas obreras, los conflictos entre clases , la pobreza en el interior de las ciudades y en sus suburbios, la marginación, el desarraigo, la delincuencia, con sus muertos de hambre y sus pistoleros a sueldo, el anarquismo español con su violencia, pero también con su ingenuidad e inocencia –como las de aquellas campesinas que predicaban el amor libre, de palabra y acto-. Una realidad, Barcelona, que tan bien conoce este turco-alemán nacido en ella, que la habita y la recrea con tanta maestría en cada una de sus obras.
Reconocía en Eduardo Mendoza su gran capacidad para la ironía, el humor, muchas veces hilarante, recuerdo haberme desternillado de risa con pasajes de La cripta embrujada, pero desconocía, -quizá las había pasado por alto en las anteriores lecturas- sus dotes líricas; en esta novela existen pasajes desgarradores, desesperanzados, otros plenos de melancolía, de poesía, algunas veces coronados por una broma –como si el autor quisiera desarmar su propia poesía… neutralizar la tristeza…deshacer una seriedad que nos enojaría, quizá pudor frente al desvelamiento de la propia sensibilidad. Una novela que yo tildaría de ciclotímica en su noria de sentimientos.

“También descubrí a un político radical, empeñado en hacerme admirar sus escandalosas aventuras de faldas que sin duda eran producto de su imaginación en el largo retiro del balneario, fruto de la soledad, como germina la enredadera en las agrietadas paredes de un claustro abandonado. Una tarde, poco antes de la puesta de sol, nos hallábamos en la terraza el viejo político y yo, medio adormecidos. El jardín estaba desierto en apariencia. De pronto, de un macizo de cipreses recortados en arco, surgió [……..*] que caminaba sola, con aire decidido. El político se caló los quevedos, se mesó la perilla y me dio con el codo.
-Joven, ¿ha visto usted ese pimpollo?

-Esa dama, caballero, es mi esposa –le respondí”

[oculto el nombre para no adelantar acontecimientos al futuro lector]

He leído la novela en la edición comentada de Crítica, colección clásicos y modernos, edición de Nuria Plaza, que contiene un completo y valioso estudio introductorio sobre Eduardo Mendoza y la novela que nos ocupa. A lo largo de todo el texto junto a notas a pie de página eruditas, valiosas y reveladoras, encontramos glosas como esta:
...una vez habituado a la penumbra, distinguió el rostro barbado y cejijunto del hombre y sus brazos hercúleos y peludos que abrazaban a la prójima, una mujer de facciones rechonchas, piel rojiza y pechos rebultados que asomaban por encima del cobertor y parecían observar a Nemesio como dos lechoncillos traviesos. (15)
(15) Rebultados: “abultados”
o esta:
..Graciela era muy maternal: me dio de beber como si diera el biberón a un infante y después de cada trago me arrullaba contra sus pechos recauchutados. (5)
(5) “hinchados como si fueran de caucho”

Una maravillosa experiencia,” La verdad sobre el caso Savolta”. Ahora debería, quizá, seguir con La ciudad de los prodigios. Me espera, sin embargo, Nada de Carmen Laforet.

Post Data. Quizá sea innecesario señalar que hay al menos una historia de amor en la novela.

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