Educación para la ciudadanía. Opción B.

No son buenos tiempos para la educación. Los ataques proceden de todos lados, pero el último lo protagoniza el PP de la Comunidad valenciana y quienes lo van a sufrir con mayor virulencia seremos los que me temo somos los últimos monos en la educación española: los profesores y los alumnos. Me refiero al último borrador aparecido sobre la educación para la ciudadanía de 2º de ESO, en el que al margen de insistir en el capricho del inglés, aparecen otras novedades muy graves. Quisiera analizarlo a continuación.

1) Lo del inglés es una maldad de Camps. Es gracioso que pretenda que se estudie la Constitución española en inglés. En cualquier caso se trata de una gestión negligente, atropellada e ineficaz porque tal y como se ha diseñado resultará cara y además no hará que los chavales aprendan inglés.

2) A mi juicio el PP hacía muy bien en oponerse a la educación para la ciudadanía, también yo me opongo. La razón de esa oposición, que comparto con el PP, es que se trata de una asignatura ideológica, y no son los centros públicos de educación secundaria el lugar donde debería adoctrinarse políticamente a nadie (tampoco, por cierto, debería tener cabida la religión). Sin embargo, con el último borrador el PP valenciano ideologiza todavía más la asignatura. En efecto, en la llamada Opción B los padres podrán elegir no sólo el contenido sobre el que el alumno tendrá que realizar un trabajo, sino que además

la Conselleria competente en materia de educación garantizará que cada uno de los alumnos o alumnas que elijan esta opción disponga de un texto –elegido con el consentimiento de la familia o de quien ejerza la patria potestad o tutela del menor-, que permita acceder a cada uno de los contenidos de la materia”.

Es decir, que los padres eligen el contenido y los textos para elaborar el trabajo. Y lo harán según un criterio puramente ideológico y de hecho más ideológico que el de la opción A, en la que los contenidos y los textos serán escogidos por un profesional experto en la materia. Además eso de que la Conselleria garantizará que ese texto consentido por la familia esté disponible no deja de ser sospechoso. ¿Y si a la familia no le satisface ningún texto? ¿Lo escribirán ellos? ¿Y el profesor pinta algo? Sin duda nos encontramos ante un ataque directo a la autoridad y la profesionalidad de los docentes.

3) Pero no sólo se ataca a los profesores sino que además se está engañando a los padres. Según el borrador, la opción B “la cursará el alumnado que pudiera plantear objeción de conciencia a la materia Educación para la ciudadanía y los derechos humanos”. Pero si la materia plantea objeción de conciencia a alguien, también la plantea la opción B. La razón es que los padres pueden elegir el contenido, pero no pueden inventarlo, sino que tienen que escogerlo del currículo oficial. Además como todavía -y ya veremos hasta cuándo- es el profesor el que evalúa al alumno, deberá hacerlo según los criterios de evaluación y los objetivos establecidos en este currículo oficial. De modo que hagan lo que hagan los padres de la opción B, sus hijos harán un trabajo sobre un contenido del currículo oficial y serán evaluados según los criterios de evaluación y los objetivos oficiales. Pero son precisamente estos contenidos, criterios de evaluación y objetivos lo que les parece objetable. En consecuencia todo lo objetable de la opción A está presente también en la opción B, con la desventaja de que en la opción B no hay un profesional de la educación al frente de la asignatura, sino un pintamonas.

4) A lo anterior se añade que esta Opción B mentirosa y devaluadora de la labor y los conocimientos del profesorado se podrá extender a otras asignaturas “similares” (¿también a religión?). De modo que lejos de extirpar lo ideológico de la educación y darle la calidad académica que debería tener, lo que se hace es, precisamente, facilitar la ideologización de la propia educación para la ciudadanía y de otras asignaturas. A los padres podría parecerles obscena la lectura de la Celestina, o exigir que se eliminen las referencias al holocausto en los libros de historia, o les podría resultar ofensiva la teoría de la evolución, blasfema la mitología griega, etc.

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